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hambrientos y derrotados andan los soldados viejos qne dieron en otros días lustre é. los antiguos tercios. Mal guiados, mal vestidos, faltos hasta de sustento y sin que les estimule ni los laureles ni el premio, ¿qué han de hacer nuestros bisónos sino huir como conejos en cuanto suena un mosquete ante el francés ó el flamenco? Por eso á usaroedes dije que ni me explico ni entiendo cómo fe á tales patrañas presta gente de su seso. y el que goza de su patria en abultar los defectos, ni militó en sus banderas, ni es bien nacido, ni bueno. Cosas todas, por mi vida, que prueba el estaros viendo que al escuchar mis ultrajes ni lleváis la mano al hierro. Dijo el anciano, y sin duda vio el intruso en sus arrestos tan claro que en las palabras pudiera no estarse aquéllo, que cuando todos un lance daban por seguro y cierto, él, la crespa cabellera dejando libre del fieltro, contestó: Vueseñoria perdone, que bien advierto quién es Estamos conformes. Los bravos nos entendemos. Y como al tender la mano hacia el indignado viejo viera que ésto lo volvía la espalda con menosprecio, El que de nuestros soldados habla asi, ya está diciendo que ni fatigas ni glorias compartió jamás con ellos; con las orejas más gachas que batanado sabueso, con gran chacota de todos hurtó entro la gente el cuerpo. II Callados quedaron todos ante tales argumentos, sin faltar quien al intruso á dar fuera ya su asento, cuando de pronto en el corro introduciéndose un viejo, á quien aún más que sus canas daba á respetar su aspecto, murmuró mostrando claro la indignación en su acento: ¿Y á vos quién, seor don nadie os dio vela en este entierro? (DiDüjoB DS K S T E V A X) ÁNGEL R C H A V E S CUENTOS BATURROS, roR GASCÓN 1 ¡Eh! Recluta, ¿no tiene usted otro paso? -Si, señor, mi primero, pero es más corto. ¡Hatchiss! Todo el cabildo estamos constipados.