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A n t e s de t o m a r el tron, tuvieron nuestros enemigos de raza o t r a satisfacción que u n i r á las muchas que de Madrid se llevaban. E l separatismo l e v a n t a b a l a cabeza en Cuba, la p a t r i a tenia que h a c e r dolorosos sacrificios en hombres y en dinero, volvíamos á las horribles zozobras de aquellos diez años de m a n i g u a ¿Pero todavía están ahí esos hombres? decíamos, p o r lo bajo dejándonos llevar de u n a superstición m u y íundada. -T e n g a n ustedes paciencia se van ahora, en c u a n t o r a b a ñ e m o s los córralos do Madrid, p a r a que Sidi- Grargantúa pueda t o m a r u n tonto on pie por el camino. El público dosooiifiaba y empezaba á c a n t a r fronte al hotel de Eusia: M a m b r ú se fué á la guerra, Brisha viene á la paz; n i se va por l a P a s c u a n i por el E a m a d á n -T lo peor es, decía alguno, que si se quedan hasta el mes que viene nos van á t r u n c a r l a S e m a n a Santa. ¿Por qué? -Porque seguramente se comen el gallo de la P a s i ó n Apenas los moros nos enviaron la despedida desde Cádiz, se recibieron noticias alarm a n t e s de F i l i p i n a s arreció el t e m p o r a l marítimo y t u v o que aplazarse l a b o t a d u r a del Carlos Y. P a r a fin de fiesta, hemos perdido p a r a siempre el magnífico crucero que llevó á Tánger á la embajada. L a suerte del Reina Regente y do los valientes españoles que lo t r i p u l a b a n produjo expectación primero, loca zozobra después, dolor hondísimo más t a r d e P o r o todo pasó, y ¡hasta la embajada próxima! ¡Menuda brigada m a n d a r á p a r a entonces el general Faontes! Mientras los batallones peninsulares pasan en el sollado de los frasatlánticos las angustias del mareo, débil prólogo do las fatigas que en Cuba les aguardan; m i e n t r a s el ejército colonial do Filipinas se bate á la desesperada con los salvajes de Joló, y los t r i p u l a n t e s del Reina Regente p a s a b a n las crudas y las maduras en medio del A t l á n t i c o los políticos españoles, cada voz más sandungueros y oportunos, p r o c u r a b a n a r r i m a r á su sardina todas estas tristísimas ascuas, á vuelta de exclamaciones cursis y de r a n c i a s retóricas s o b r i n a s desdichas de l a m a d r e patria. E n vano les diréis que en perfecto derecho político las Cámaras c c f c u y e n a n t e todo el poder legislativo; las leyes aquí y su formación son lo do menos; lo principal en el C o n g r e s B R n o en el Senado, es la acción fiscal antipática, i n g r a t a é i n o p o r t u r H H i c c i ó n fiscal, que en el m o m e n t o de la catástrofe deja desangrar H R o t i m a por correr detrás del m a t a d o r El ejército se bate en (Siba, la autoridad militar necesita de todo su prestigio, los j e f e s- t e d n e l apoyo de l a p p t r i a s i n embargo, la política aprovecha tan bella ocasión p a r a discutir los méritos de ésto y del otro caudillo, pedir relevos, imponer candidatos y discutir autoridades. Estamos j u g a n d o á los j a c o b i n o s Nadie pide p a r a el soldado que marcha á Oaba más higiene, m a y o r cuidado, alimentación más sana y asistencia médica más perfecta que la que tuvo on l a c a m p a ñ a anterior. Lo i m p o r t a n t e es que el Grobierno nos dé noticias frescas y p a l p i t a n t e s á cada m i n u t o no por el interés que nos inspiran nuestros h e r m a n o s que allá luchan, sino porque n o habiendo noticias nuevas, ¿cómo h a de h a b e r nuevos argumentos de oposición? Faltó el Reina Regente, y el Congreso n o pidió que se fuera en su busca. El culpable, ¡esto ora lo i m p o r t a n t e! la víctima, podía flotar eternament e como boya solitaria ó deshacerse c o n t r a las rocas del Estrecho. N a d a más noble, patriótico y j u s t o que exigir responsabilidad á quien debe rendir cuentas; ¿pero no sabemos aquí á qué atenernos on cuanto á responsabilidades exigidas en las Cámaras? L a inmunidad lo es todo en el P a r l a m e n t o la interpelación, u n a copla más de Calaínos; el sistema político vigente, a n c h a ó i n ú t i l red por donde escapa el. pez más v e n t r u d o ¡Y aún so quejaban algunos de que el primor batallón p e n i n s u l a r desfilara sin armas ante las Cortes! P u e s con armas al h o m b r o y u n poquito de m a l a intención, ¡quién sabe si el grito de ¡Mueran los políticos! dado aquella tarde en la plaza do las Cortes hubiera sido el comienzo do u n a reprisse m u y breve y m u y eficaz del Tres de Enero! LDIS B O Y O V I L L A N O V A (DIBUJOS DH CILLA)