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Á OCHO DÍAS VISTA La maldición mornna. SliU Brlsha ¡lagarto! ¡lagarto! -UTViíaS y demás. La mala pata con babuchas. Enfermedades, temporales, ecétera. Mambrá se íu 6 á la guerra; Brisba vino li la paz. El Beina Regente. iHasta la próxima embajadal En las Cortes. Tugando á los jacobinos. La responsabilidad en el Parlamento. Los soldados ante el Congreso. A l g u n a horrible maldición debieron lanzar sobro nosotros los moritos al salir de España, ó qnizás al e n t r a r en ella, porq ue es el caso q ne desde el punto y b o r a en que pusieron aqui los pies, sólo tristezas, sustos, males y sobresaltos arroj a la crónica española. Tué creencia p o p u l a r en Madrid que m i e n t r a s la embajada continuase en la corte no cesarla el t e m p o r a l de aguas; y en efecto, no sé la influencia que Sidi Brisba ¡lagarto! ¡lagario! podrá t e n e r en la región donde se forja el rayo, pero sea por esto ó por la innegable relación de vecindad entre las nubes y la media luna, ello es que los p a r a g u a s madrileños n o so c e r r a r o n n i u n i n s t a n t e m i e n t r a s duró el c h a p a r r ó n poético de Solimán, t a n perfectamente aconsonantado con el caer del agua por tejas y canalones. Sólo por causa de la lluvia y del b a r r o consigaiente, E s p a ñ a h a perdido mucho con la visita. ¿Cuánto? Casi la mitad del t e r r i t o r i o ¿Por qué? P o r q u e se lo h a n llevado en cazcarrias los moros, de t a n i n g r a t a recordación. En vano el conde do K o m a n o n e s ideó u n Carnaval como n u n c a lo h a b í a n visto los siglos. E l alcalde propone, y quien dispone es la influencia m u s u l m a n a del respetable embajador, por otro n o m b r e JacJc el destripador de las nubes. Poco á poco se faé haciendo intolerable la larguísima visita de la embajada. El huésped y el pece á tres días hieden dice u n refrán castellano viejo. L a mala p a t a seguía calzando babuchas. Murió el archiduque, estuvo enferma S. M. la Eeina, sopló en nuestras costas horrible y mortífero temporal como no se había visto desde el siglo pasado Y Sidi Manolito Grázquez tensa que tensa en el hotel do E u s i a l í o podíamos los españoles ni inquietarnos siquiera. P o r q u e desde el momento en que se nos h u b i e r a puesto c a r n e de gallina, ¿quién nos l i b r a b a de e n c o n t r a r sepultur a en el estómago de los moritos?