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J. Í ¡Infeliz hortera! ¡Pobre PeliísOla! Cómo estaba al frente de 3 U tiendecita recibiendo latas y chinchorrerías ie las maritornes y las señoritas I- ¿Tiene usted estambre? ¿Tiene usted horquillas? -Deiue nsted carretes de la marca misma ijne llevó el domingo dofia Petronila. -Yo quiero alfileres. -Pues yo quiero cinta de esa colorada que hay tan rebonita. No, mejor es verde, no, mejor es lila- -Déme usted botones -Déme el cañamazo. -Déme la puntilla. -Vengo por las medias de ia señorita. -Hoy no traigo suelto; pagaré otro día. -Déme usté imperdibles, porque ayer en misa t e perdido cuatro de los que tenía. -Pero ¡qué carero! ¡Vaya una salida! ¿Conque dos pesetas. ¡Qué majadería! Sólo voy á darle cuatro perras chicas. ¡Qué picaronazo! ¡Si es ¡o más bromista! -Déme usté trencilla! -Estas son muy gordas. -Estas son muy finas. -De la media vara que llevó mi prima, se ha quedado ¿sabe! con una poquita. -Ya pagué el ovillo; pero ponga en lista dos corchetes grandes y una redecilla. -Sáqueme usté agujas. -Sáqueme usté ligas. Estas son estrechas; tengo más medida. ¿Sabe usted, amigo, que en la vueltecita rae ha dado usté un duro de guardarropía! ¿Va usté á despacliarme? Tengo mucha prisa. iVÁJS PÉREZ ZÚSlGA