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pero sereno y t r a n q u i l o E n su pecho, q a e dejaba al descubierto el desabrochado uniforme, se veía u n a m a n c h a roja poco m a y o r que u n a m o n e d a de medio duro, pero de la q u e salía u n hilillo de sangre m u y semejante á otro que dej a b a n escapar sus labios, contraidos no sé si p o r el sufrimiento ó p o r l a eterna sonrisa de desdén que le era h a b i t u a l T a m b i é n á él l e h a b í a alcanzado su china. V ¡Todo es inútil! dijo c o n voz fatigosa, pero entera, apenas le hubieron posado en el suelo, apartando al p r a c t i c a n t e que me había abandonado p a r a correr en su socorro. Y tendiendo los ojos, y a vidriosos, p o r l a estancia, como si le p r e o c u p a r a m á s el dolor ajeno q u e el s u y o propio, murmuró: ¡Pobres muchachos! ¡Hoy q u e les h a c í a más falta que n u n c a! Después, fijándose en mí, u n a vez informado del estado de mi herida, recordando sin duda que y o e r a de los que más l e a c o s a b a n con mis alusiones á su t a i t a de entusiasmo, añadió t r a t a n d o de sonreír: -Señor oficialete: gracias á Dios, hoy puedo convencerle de que cada cual tenemos nuestro modo de m a t a r pulgas. y comprendiendo que le faltaba t i e m p o p a r a e n t r a r e n más explicaciones, hizo u n esfuerzo supremo y g r i t ó ¡Constihwión ó muerte! F u é lo ú l t i m o que habló e n este m u n d o perecedero. Sus ojos dieron u n a v u e l t a e n sus órbitas, sus recios músculos se estiraron en u n a sacudida nerviosa, y su cabeza, dotada en aquel m o m e n t o de u n a h e r m o s u r a escultórica, cayó pesadamente sobre l a a l m o h a d a El físico del segundo batallón de Canarias había dejado de existir. ÁNGEL R C H A V E S (DIBUJOS DK ESTEVAS) PERSOiNAJES HISTÓRICOS, P B MECACHIS O MARIANA PIKEDA L is NIÑOS DE ÉCIJA MALASAÑA o; KAFAEL DEL EIEGO FERNANDO el Deseado CALOMAEDE