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CONSTITUCIÓN O MUERTE (EPISODIO DE 1822) De aquello de que e r a n cuatro sacristanes me rio y o Mal que pesara á nuestro liberalismo, no eran cuatro, sino muchos muellísimos más de los que creíamos ó a p a r e n t á b a m o s creer, y sacristanes, curas ó lo que fueran (ahora que y a ha pasado tiempo puede decjrse) t e n í a n sangre t a n española en las venas como nosotros, y con esto va dicho que ni u s a b a n b l a n d u r a s cuando se t r a t a b a de pegar n i se les a r r u g a b a el corazón cuando les llegaba la mala. Es más; en p u n t o á suirir penalidades, los apostólicos nos llevaban u n a ventaja. M i e n t r a s nuestras t r o p a s e r a n en su m a y o r í a bisoñas, entre ellos a b u n d a b a n los que h a b í a n servido como guerrilleros en la g u e r r a de la Independencia, y éstos t a n hechos estaban á que SHS arreos fueran las armas y sit descanso el pelear, que por rosquillas y confitura tenían aquellas marchas y contramarchas que i r a i a n aspeados y faltos de aliento á nuestros pobres reclutas. A m é n de ésto, en aquellos días era cuando más ensoberbecido andaba el bando servil. T a el b a r ó n de Eróles se había apoderado de la Seo de Urgrel; la t i t u l a d a Regencia había dado su famoso manifiesto; las partidas del Trapense, Misas, Bomanillos, Caragol, Komagosa y otros tristemente célebres cabecillas, podían pasar por verdaderos ejércitos, y pocos h a b í a que no supieran que mientras el r e y llamaba en público Jacciosos á los defensores del absolutismo, en secreto los a l e n t a b a y protegía con la misma lealtad y buena fe con que nuestros vecinos los franceses desempeñaban su papel de potencia n e u t r a l pertrechando de armas y municiones á nuestros enemigos. Yo, que procedía del ejército libertador, en el que había servido á las órdenes de Quiroga, aoabaiba de ser incorporado con la c h a r r e t e r a de teniente al regimiento de Canarias, uno de los que por su probada adhesión á la causa constitucional h a b í a n sido elegidos p a r a formar parte de la c u a r t a división del ejército de operaciones de Cataluña, que m a n d a b a en jefe D. I raueiseo Espoz y Mina. Como cuando llegué al Principado se acababa de consumar aquel acto de necesaria crueldad que dio por resultado el haber quedado borrado del m a p a el pueblo de CastelfuUit, algo se había dominado el espíritu hostil de las poblaciones p a r a con nosotros; pero en cambio las facciones a r r e c i a b a n su empuje, t r a t a n d o de impedirnos la e n t r a da en la Cerdaña, tenida, no sin fundado motivo, por la región más liberal de toda aquella parte. II -La primer acción seria en que me vi empeñado fué u n e n c u e n t r o que tuvimos con las tropas absolutistas á dos leguas escasas de Tremp. ou re mi faen ou I da. J. y Eotten, en el choque, que fué rudo, pude comprobar con orgullo que no había exageraeión en los que señalaban á mi regimiento como uno de los más entusiastas por la buena causa. D a b a gusto, en efecto, ver á aquellos soldados, muchos de ellos imberbes, cargar sobre el enemigo, como si el grito de ¡Constitución ó muerte! en que no dejaban de p r o r r u m p i r siempre que e n t r a b a n en fuego, les prestara unos alientos y u n t e m e r a r i o arrojo que á veces parecía t r a s p a s a r los limites de lo humano. T no fué sólo aquella vez en qae. después de todo, el señalado triunfo que conseguimos los libres justificaba t a l ardimiento. En cuantas ocasiones nos tocaba batir el cobro, y éstas no faltaban á Dios gracias, el r e g i m i e n t o de Oa-