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LAS TRES Y MEDIA Cuando e n t r a m o s on ol segundo patio del manicomio, el doctor c ue me acompañaba tuvo la bondad de decirme: -Tenga usted cuidado con aquel joven; y le advierto que seguramente nos p r e g u n t a r á qué liora es, y sobre todo p r o c u r a r á i n d a g a r si llevamos reloj. -Vamos, dije, se t r a t a de u n caso de locura parecido al de aquel suioto del tic- tac, t a n maravillosamente imaginado por D. P e d r o A n t o n i o de Alaroón. -Algo h a y de eso, me dijo el médico; pero las circunstancias que h a n originado esta desgracia difieren creído que, en efecto, aquel hombre estaba loco, pero con esa locura que á todos nos acosa de continuo, locura con la cual vivimos en sociedad sin la intervención de la camisa de fuerza. Yo n o sé explicarme por qué e x t r a ñ a s de mi voluntad sentí hacia aquel derrotado del destino u n a vivísima simpatía. N u e s t r a conversación fué en extremo jovial. ¿Sabe usted qué hora es? me p r e g u n t ó ¡Ya pareció aquello! dije p a r a mi. Y adoptando el mayor aire de sencillez posible, dije al loco: s. -i mucho de las descritas por el gi novelista. Me oreo en el caso de adveí 111 á usted, p a r a su tranquilidad, q ii ese desgraciado con quien ahci hablaremos se expresa con nii jsiK VtVjí exquisita corrección y como ho i bre bien educado y de exceleii. corazón; habla con u n a adoraii sencillez y con u n a ingenuic! tal, que y a la quisieran para i todos los hombres que presumen de razonadores y que muestran como blasones de su linaje el solo privilegio de su- -Perdóneme usted que no pueda complacerJe. E n recto juicio. mi vida he podido conseguir comprar u n reloj. Eenuncio á describir el acceso de entusiasmo, al- -Es verdad, le diie; la ingenuidad es la condición mismo tiempo que de admiración, que de pronto y más apreciable en todos los órdenes de la vida moral, como iluminado por extraños resplandores expresó y vale más u n a p a l a b r a franca que media docena de el rostro de aquel hombre que hacía pocos minutos frases ingeniosas. empezaba á ser mi amigo. El j o v e n á quien t r a t a b a de. presentarme el doctor ahorró á mi amigo el trabajo de hacerlo, porque vino Tornóse su rostro pálido, y á su m i r a d a brillante hasta el lugar donde estábamos, saludando afectuoagregó esas iluminaciones especiales que tienen los samente al médico, al mismo tiempo que i n c l i n á b a l a ojos de los dementes; me abrazó fuertemente, y descabeza en señal de cortesía. pués, estrechando mis manos, me dijo llorando como u n niño: El médico hizo la presentación en regla, y á los pocos momentos hablamos el loco y yo como si nos- ¡Bravo! ¡Me alegro! ¡Es usted u n hombre de bien! hubiéramos conocido de toda la vida. H a b l a m o s de Yo quise contestar algo, no sé si para darle las graMadrid, de las tertulias de Fornos y del Inglés; baracias ó p a r a llevarle la corriente, com. o se suele decir; j a m o s los nombres de los periodistas, poetas, autores pero mi amigo se adelantó á mis galanterías repitiény novelistas más eminentes, y á decir verdad, á no dome: haber sido por la advertencia del doctor, hubiera- ¡Bravo! ¡Hace usted muy bien on no hacer caso