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que nunca he amado, con cuánta pena ahora que es tarde, tantos amores! de ardientes ósculos los suelos llena, para recibirlos se abren las flores. Eróticas las aves, tienden su vuelo buscando los ramajes más escondidos, y más que las anchuras que brinda el cielo estiman sus amores en blandos nidos. El bosque huele á idilio, de amor se abrasa; los árboles se miran y se embelesan, y cuando el viento agita su verde masa, frutos, hojas y flores, todos se besan. Ayer Juan y María, mis dos criados, estaban en la cuesta de las campiñas, y el uno frente al otro les vi sentados junto á los ricos frutos que dan mis viñas; y ellos, con ese fruto que yo no estimo, ¡cuan risueños y alegres se regalaban! y ambos, regocijándose con un racimo, en sus juegos las uvas se arrebataban. Yo, entonces, con mis viejos seniles bríos les reproché su loca desenvoltura; mas no es que me ofendieran sus amoríos, es que sentía envidia de su ventura. (DIBUJOS DE A L B B R T I) Envidia, mucha envidia; porque yo espero no más que el fin que á mi alma tribuía y hiere; pues como viví solo, solo me muero, y como á nadie quise, nadie me quiere. EAFABL T O E R O M É UN SALUDO A TIEMPO, ron y MELITÓH GONZÁLEZ