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LA VEJEZ DEL EGOÍSTA (MONÓLOGO) Jamás á voz amiga se abrió mi pecho, cerrado á las piedades y á la ternura; solo viví en mi casa, solo en mi lecho, y á costa de hambre ajena logré mi hartura. Llena mi servidumbre de hipocresía, demuestra en heredarme su diligencia, y mi tos, que es el toque de mi agonía, á mí me suena á muerte y á ellos á herencia. j V- f Y ahora, viejo y caduco, me causa espanto el culto que en mi vida guardé á mi mismo, y en soledad amarga riega mi llanto el miserable fruto de mi egoísmo. Ya veo el triste cuadro: yo en la agonía, y ellos con desconcierto buscando mi oro, y escucho el ronco grito de su alegría al descubrir el nido de mi tesoro. y No habrá una mano amiga cuando yo muera (j ue con amante duelo cierre mis ojos: me cercará esa chusma, que ansiosa espera cebarse como buitres en mis despojos.