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AL ILUSTKADO Y SALADÍSIMO ESCEITOB MELITON GONZÁLEZ González (don Melitón) declaro con Jiidalguia qtu 3 no me encuentro con fuerzas para proseguir la lidia. muerto de sueño y fatiga, habiendo perdido carnes que en abundancia tenia y tornádoso mi faz de colorada en pajiza, tengo ¡ay de mi! que bajar humildemente la vista y exclamar: ¡no somos nada, señores, en esta vida! Porque para comprender do una manera exactísima las camelancias y yuegues é iiitrinutrias maldecidas, que usté inventó con objeto de acrecentar mis desdichas, hay que ser doctor en las ciencias morales y físicas, y aprender catorce lenguas, ocho muertas y seis vivas, y manejar el latín lo mismo que una barlila viajar por Europa entera, estar un rato en las ludias, leer á los Santos Padres, estudiar sus santas hijas, darse de calabazadas tres horas contra una esquina, alimentarse tan sólo de legumbres y hortalizas, para tener la cabeza despejada y expedita y, aáemás de eso, tener más paciencia que una hormiga. Y como soy casi anciano y apenas me quedan días para aprender con provecho ciencias morales y físicas, leer á los Santos Padres y estudiar sus santas hijas, que alguna guerra me han dado en mi juventud florida (y cuenta que me refiero al año de la Nanita) por eso, amable colega, haciendo mil cortesías, me retiro por el foro muerto de pena y de envidia, porque el talento de usted me subyuga y me fascina. Ordene usted lo que guste, si es que quiere que le sirva, en lo cual tendrá un placer muy grande el que abajo firma. TOMÁS L Ü C E Ñ O s- SÉÍ Su carta, llena de ingenio, de gracia cortés y fina, hace que yo me retire maltrecho a l a enfermería. Llevo más de doce noches, con sus respectivos dias, devanándome los sesos para descifrar su epístola, y hoy, ya rendido, anheloso,