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LOS ÉXITOS EL AMO DEL COTARRO C O M E D I A E N T B E S A C T O S Y E N P R O S A OEIG- INAL D E D. M A R I A N O V E L A Estrellada recientemente en el teatro de la Comedia Como el personaje de Fepa la I rescachnnn, no vuelvo de mi apor teosis con la lectura do ciertas criticas de reparos, poros y distingos, que lejos de ahondar ni de analizar detenidamente las cosas, so echan por ol camino de la fantasía, dando de mano á la solidez y firmeza de juicio y haciendo preciosos castillos de vistosos fuegos artificiales. He leído todo lo que se ha escrito sobre El amo del cotarro, y he encontrado cosas bastantes peregrinas; pero una de las que más se han fijado en mi memoria ha sido la de pretender que el titulo de la obra no estaba lo suficientemente justificado. Bueno; ahora verán ustedes. Se trata do un caballero que tiene pleno dominio sobre un pueblo, en el que hace j deshace por obra y gracia de su voluntad, determinando con su influencia la marcha política; que dispone en las elecciones de votos y compromisos, haciendo de las urnas la expres- ión de su capricho y de su antojo; tirano en su casa, torciendo el corazón de su hija al querer borrar de él sus sentimientos, su amor por el hombro á quien quiere; disponedor de ánimos, que con su poder endereza á través del crimen; hombro que no repara en obstáculos y que allana los caminos con el lema de mi voluntad es ley hombre, en fin, que haciendo un retroceso por la historia y descorriendo algunos siglos, placeríalo verso señor y lueño en su feudal castillo, disponiendo de vidas y haciendas. Ahora bien, como dicen los conferenciantes; si este hombre no puede sor el amo del cotarro, ¿quién lo será entonces? Pero admitiendo otra cosa y yendo más lejos. El cacique, lo que vulgarmente so llama el amo del cotarro, puede ser en su vida externa, la que so distancia lel hogar, puedo ser violento, exacerbado por la pasión política, impetuoso, exigente, tirano, en una palabra; y sin embargo, en su casa cabe que sea una excelente persona, muy bueno para la vida intima, calmada su violencia quizá por una afección puesta en su hija, en su mujer, en algún sor; porque gentsralmento estos tipos bruscos, duros de forma y fondo, tienen siempre algún ramalazo de cariño hacia alguien, de la misma manera que el criminal empedernido, que refresca sus instintos defiera ante la sangre humana que corre ante su vista, lleva en ol pocho un escapulario do la Virgen del Carmen. Y dejo esto á la cuenta de que otro critico ha dicho que ol cacique so deja dominar por su hija, y no es exacto; lo más que hace la hija es resistir el mandato de su padre para que so case con ol hombre que él ha elegido; pero esa resistencia, lejos do dominarle, provoca su eneolerizamiento, y tan es así, que al final la muchacha se marcha con su amante á impulsos de la fatalidad, que la coloca en sus brazos, ó determinada por el amor, pero nunca llega á fondear en la conciencia de su padre ni á conseguir que en sus labios se dibuje una sonrisa de concesión á sus pretensiones. Esto es la verdad. Por lo demás, y por lo que puede tocar á los convencionalismos, Sardón ha dicho: Concédanme ustedes algo, y yo haré lo demás. La comedia, en su primer génesis, debió ser una comedia esencialmente política, que absorbiera todo otro interés; pero avisados consejos y madurez do juicio al planear desviaron un tanto la primitiva acción de la obra, tanto, quo el diputado quo figura en ella, y que muy justamente interpreta Paquito Grareía Ortega, era el papel de la obra. Porque en el teatro hay que excluir todo lo quo no sean grandes pasiones. Por otro camino, no cuente el autor con que el público le siga ni le atienda. Muchas veces se ha llevado la política al teatro, y siempre ha dado el mismo resultado; y es que como la política os comedia también, no puedo caber una ficción dentro de otra. Panto y aparte.