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Furioso so levantó do la mesa, y diri; iéiidoso hacia el repostero, que al ver el giro q uo t o m a b a el asunto ponía cara compungida, le dijo: ¡Monsieur del demoniol ¡Está usted demás en mi casa! ¡Ha echado usted á p t r d e r u n plato en el que tenia yo puestos mis cinco sentidos! -Parilón, pardón, t a r t a m u d e a b a el francés haciendo u n a humilde cortesía. D. Baldomcro rasgó el sobre, y siempre gruñendo leyó la carta. Con r a b i a inusitada, como si se t r a t a r a de la m a y o r ofensa que en vida pudieran hacerle, tiró el plieguecillo en medio de la mesa, y dando sobre ésta terribles puñetazos, barboteó: ¡Eso! ¡Aquí estoy yo; aquí está el tío para sacar do apuros á zánganos como m i sobrino! ¿Que so quiero casar? ¿Y á mí qué me cuenta? ¿Que no tiene u n ochavo? Que no se case. ¡Hombre, no fallaba más quo yo pagase eso! ¿Soy su padre? ¡Redemonio! ¡Ya verá usted, sobrino, qué contestación le doj A vuelta de correo, ¡ya lo creo! ¡Ahora mismo! Y dicho y hecho; contestó de u n a manera terrible á la almibarada carta del sobrino, ordenándole que nunca j a m á s volviese á molestarle, n i aun á acordarse del santo de su nombre. V Otro ciudadano que contaba para casarse con el dinero suficiente, tomó por esposa á Julia, quedándose el pobre Luis, como vulgarmente se dice, á la l u n a de Valencia. ¡Y qué ajeno estará el mozo de que perdió su felicidad por haber estado iros minutos más en ol horno u n plato de macarrones! ALEJANDRO L A R R U B T E R A (O r n u j o s DB H U B U T A S) SIGNOS O R T O G R Á F I C O S OK MECACHIS GÜIÓX PARÉNTESIS liSTElíJ OOAOlÓX AU 3II RACIÓX