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EL ORIGE I Hablan echado bien sus cuentas; para gastos de boda, tanto; para alcLuüeres de la habitación, tanto; para el ajuar, tanto; para las contingencias y extraordinarios, tanto más cuanto; una porción de cifras q un bion sumadas daban un t tal Ilíquido de pesetas tres mil, una suma fabulosa para dos tan pelagatos como los protagonistas de esta historia, Julia y Luis; la una, hija de un maestro de escuela, y el otro, au J xiliar cuarto do la Dirección de llantas E das. Y por B suprimiar tulos por T ojábase copiando pliegos para la curia, emborronando papel pautado para una copisteria teatral, haciendo primores caligráticos en el rotulado de los géneros de un almacén de telas; pero aquella insoportable labor era 3 ésimíUiiente remunerada; se necesitaba pasarse una uteiniílad convertido en esclavo de la pluma para sacar á sus puntos aquellas endiabladas pesetas que eran el Fiat de su felicidad. los ci XJi ichosos, los iiümtroí, con su lógica irralutable, salíanles siempre al encuentro con la misma suma, cien pesetas más, ciento menos. En todas sus conversaciones los novios sacaban á relucir la misma canción. ¡Si el ministro te ascendiera! ¡Si nos tocase el premio gordo! Pasaban días y más días. Luis enflaquecía de una manera lamentable, y el color rosado de las mejillas de su dueño bien querido perdíase por momentos, que no hay cosa quo produzca mayores e. x. tragos que una pasión ardiente contenida; por eso el sol, gran amanto de la naturaleza, cuando á ella se acerca de continuo concluye por agostarla. ¡Si por cualquier medio encontrase yo esas tres mil pesetas! Era la pesadilla de Luis, que, como perro hambriento que husmea una presa, metia las narices en cuantas partes olía que se ganaba honradamente el dinero. En las horas que lo dejaban libre la oficina y el amor, des- Iruuias tiene la suerte para todo el mundo, desde el potentado al mendigo, pero las extrema con los que corren detrás de ella llamándola á gritos; los hace if á su zaga y los abandona á lo mejor. Esto le ocurría á Luis. En cierta ocasión, Julia, dándose una palmada en la frente, dijo al joven; -La verdad es que somos tontos de capirote. Podíanlos estar casados hace un siglo. ¿Cómo, mujer? preguntó Luis atónito. Sencillamente. ¿No me has dicho muchas veces que tenías un tío muy rico, viejo y sin familia, que vive en un pueblo de Navarra? -Si; ¿yero qué tiene quo ver el tío con nuestra boda? -Todo. ¡Si tú no tuvieras el carácter tan encogido como lo tienes! Se me ocurre una idea. ¿Cuál? -La de que escribas al tío. -Le escribo ¿y qué? -Atrévete, ¡no seas tonto! Le dices Hubo una pausa; los dos novios se miraron con ansia, esperando mutuamente encontrar la idea salvadora. La muchacha fué la que habló primero con cierta indecisión,