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Bueno me guardaré de poner en duda las condiciones marineras del uno, como los méritos militares del otro; pero hay algo triste en la monótona repetición de esos dos nombres cuando hay que sostener la bandera española, ya en tierra, ya en mar. Triste, como triste era por dentro la regocijada salida de aquel ganapán que todo quería hacerlo con un duro: ¿No ve usted que no tengo otro? Sí Teníamos gran curiosidad por saber cómo había ido la recaudación de contribuciones. Y ahora resulta que el maldito temporal do lluvias, tan perjudicial para los caminos como para los reumas y los Carnavales, ha dejado sentir también su deletérea influencia en eso de la recaudación. Según parece, muchos recaudadores no han podido llevar á cabo su cometido á causa del barro; no pooos pueblos se han negado á pagar el pato (á pesar de que el pato es ave acuática) y, en fin, resulta que con esto modo de llover no hay modo de enjugar el déficit, ni siquiera el pañuelo del bolsillo. ¡Fatalidad como la nuestra! ¿Quién había de decir que el temporal de aguas iba á disminuir la recaudación? Si acaso, debía aumentarla. Porque lo que se busca al fin y al cabo son cantidades liquidas. Y es lo peor que el temporal de lluvias no va á cesar ni en Madrid ni en provincias. ¿Que por qué razón? Porque, á la cuenta, casi todos los recaudadores de impuestos han sido enviados á mandar llover. La fiesta del Eetíro, no por lo que fué, sino por lo que pudo haber sido, ha abierto nuestro corazón á las más halagüeñas esperanzas y ha llenado nuestra cabeza de proyectos fantásticos y encantadores. Con un pueblo como el do Madrid puede emprenderse todo, porque ya ostá visto que no se ahoga en poca agua. Con unas autoridades como las nuestras podemos meternos en todo, porque ellas fueron las primeras en meterse hasta en los charcos. En un lugar como el Parque de Madrid pueden darse toda clase do fiestas, porque el Eetiro, después del aguacero del martes de Carnaval, probó servir para un barrido lo mismo que para un fregado. Todo hace esperar, por consiguiente, que los próximos Carnavales eclipsarán á los de Niza, ¿qué digo a los de Niza? á todos los Carnavales habidos y por haber, ya que el de este año, aguado y todo, ha conseguido eclipsar al mismo sol. De aquí á entonces, sin embargo, ¡ya habrá llovido! aunque desde luego no tanto como el martes de Carnaval. Pero como no hay que fiar á tan largo plazo, nos proponemos que el desquite de los aguados Carnavales tenga lugar para Mayo, contando, como esperamos contar, con mayor número de flores, con la formalidad del sol, con la cooperación de los isiiros y con el favor de San Isidro y de su esposa Santa María de la Cabeza. Pero hay que proceder con cuidado. Todo el empeño estriba, según parece, en sacar las fiestas do Mayo de la Pradera, quo siempre fué su centro natural, y acaso la tentativa resulte castigada como lo lia sido la de sacar el Carnaval de sus vías tradicionales. ¿Por qué no hemos de ver en los chaparrones carnavalescos una venganza de la Cibeles trasladada, de Colón solitario, del propio obelisco de la Castellana, que al verse postergado parecía implorar agua del cielo con las múltiples puntas de su estrella? Y si esto es asi, ¿por qué no hernos de temer igual ó mayor venganza de San Isidro si queremos arrancar á los forasteros de su ermita, llamándolos al centro de Madrid con cabalgatas, músicas, batallas y otros alicientes de los festejos? Ninguna modificación debe intentarse mientras no consiga el conde de Chata impares (como dice Mditón González en sus graciosísimas Camelancias) educar las nubes do Madrid conformo á nuestras inclinaciones y gustos. Pero ¿qué apostamos á que el incansable alcalde emprende ahora la traslación de Xeptuno, achacándole el agua de estos días, castigando- sus abusos, burlas ó lo que sean, con un extrañamiento perpetuo, y repitiendo, para justificar éste su tercer arranque monumental la. famosa frase de Grambetta: -Neptuno: voilá Vennemif LUIS R O T O VILLAÍTOVA (niBOJoa DK (ITIJLA)