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En los primeros momentos la versión oficial, optimista siempre, acliacó al bandolerismo, tanto el levantamiento de las partidas como la grave medida tomada por el general- gobernador al declarar en estado de sitio toda la isla de Cuba; poco á poco fueron siendo más significativos y alarmantes los rumores, y á la llora en que esto escribimos, tanto las determinaciones tomadas por los ministros de la Guerra y Ultramar, como los telegramas recibidos por el cable, dan á lo sucedido en Cuba el carácter de un verdadero conflicto, más grave á cada momento que pasa. Los nombres de Máximo G- ómez, Guillermón, Marti y otros conocidos filibusteros, no son extraños á los sucesos ocurridos allí; los insurrectos de Baire (Santiago de Cuba) forman una partida respetable por lo numerosa; el Gobierno, sin esperar peticiones del gobernador, ha acordado el envío iumediatode seis batallones de 900 plazas, que se embarcarán inmediatamente en los puertos de la Península, dirigiéndose derechamente á la gran Antilia sin pasar en Puerto Eico el consabido periodo de aclimatación. Díjose en un principio que el general Martínez Campos saldría para Cuba sin perder momento; pero no habiendo justa causa que determine el relevo del general Calleja, éste sigue al frente del gobierno de la isla, y en su energía y pericia confía hoy el Gobierno. Con estas líneas ofrecemos á nuestros lectores el retrato del susodicho general, gobernador de la gran Antilia. El Exemo. Sr. D. Emilio Calleja fué promovido al destino de capitán general de la isla de Cuba en el verano de 1893 por muerte del general Eodriguez Arias, que desempeñaba dicho cargo. En otra ocasión había disfrutado el mismo empleo, y tanto los servicios prestados á la patria por el general Calleja en las guerras de Cuba y Santo Domingo, como la circunstancia de haber residido mucho tiempo en aquel país, hacen confiaren la eficacia de su mando parareprimiroon toda energía y rapidez el movimiento con tan poca oportunidad iniciado. La fiesía del Reíiro P 3 gr No tenía necesidad el respetable jurado que apreció el mérito de las carrozas, comparsas y mascaradas, de inventar premios nuevos para la fiesta nueva también en Madrid. La cruz del Mérito naval era la más indicada para recompensar el acto heroico realizado por la aristocracia y el pueblo de Madrid al resistir á pie firme el copioso aguacero que ÍÉm; i. L cayó sobre el Parque de Madrid la tarde infausta del martes de Carnaval. Sin embargo, no consistió la recompensa en tales cruces, sino en artísticas banderas que recibieron estudiantinas tan caprichosas como la Blanco y Negro, disfraces tan ricos como los que vistieron los Sres. Ducazcal y Pruneda, carrozas de flores tan artísticas como la de la Peña, Círculo de la Unión industrial, vizconde de Irueste y D. Eodrigo Figueroa, marqués de Tobar. En la imposibilidad de ofrecer á nuestros lectores todas las carrozas premiadas, porque las nubes desbarataron nuestros proyectos fotográficos, cumplimos en parte nuestro propósito con el grabado adjunto, que representa la última carroza citada, la del Sr. Marqués de Tobar, cuyo exquisito gusto artístico se manifestó una vez al convertir en preciosa corheilla uno do sus coches de carreras. mm- Un periodista atrevido No es floja la omp resa acometida por mister Edwin Louden, ilustrado periodista inglés cuyo retrato acompaña á estas lineas. Propónese dar la vuelta al mundo á pie y sin dinero, ganándose el pan de cada día con el trabajo de sus brazos allá donde el compañerismo de sus hermanos en letras ó la hospitalidad de las poblaciones donde hace escala no le proporcionen cama y mesa. Justo es decir, para honra del periodismo y de la hospitalidad españoles, que mister Loúden no se ha visto desamparado un solo día desde que llegó á la Península realizando su aventurada empresa. El 17 de Pebrero á las siete de la tarde llegó á Burgos, procedente de Briviesea, habiendo andado 39 kilómetros en un solo día. Es representante del periódico inglés (jalignani Messenyer, y á dicho periódico remite detalladas y curiosas correspondencias acerca de los usos y costumbres de todas las comarcas por él recorridas. Mister Louden es un joven de veintiséis años, de fisonomía agradable, gran estatura y recia complexión, que pone á prueba en su dilatado y originalísimo viaje. Los periodistas burgaleses se encargaron de obsequiar á su colega, sirviéndole de espléndidos anfitriones y ciceroni cariñosos durante la estancia del periodista inglés en la cabeza de Castilla. El día 20 salió de Burgos mister Louden en dirección á Valladolid, después de remitir á su periódico varias cartas literarias que revelan un fino espíritu de observación y una imparcialidad poco común entre las gentes cuando se viaja por el extranjero. Después de visitar Valladolid y Segovia, mister Lóudon ha llegado á Madrid, hospedándose en el hotel de la Paz. En la corte permanecerá nuf ve días á lo menos. Sea bien venido á España y á Madrid el ilustrado colega, cuyo viaje debe inscribirse entre las hazañas del periodismo fin de siglo