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tímida é inocente esconde sentimientos perversos en sn conciencia, son dos casos corrientes, los cuales a p u n t a m o s todos los dias en n u e s t r o carnet. -Y sin e m b a r g o alguien h a creído v e r en E n r i q u e t a u n carácte falso. -Si, señor: diciendo que u n a mujer que es m a l a del lodo no puede ser n u n c a un carácter. P u e s entonces el Yago del Olel o, con sus n e g r u r a s y sus sombras, tampoco lo será, y no creo que nadie se a t r e v a á sostener que la i n m e n s a figura de Shakspeare no sea u n c a r á c t e r perfectamente definido. ¿T qué documento h u m a n o determinó en usted la gestación de Mancha que limpia? -Una estampa que r e p r e s e n t a b a la lucha de u n a leona con u n a víbora. L a contemplación del g r a b a d o sugirióme la idea del d r a m a y la leona y la víbora se transformaron en las dos mujeres que l u c h a n en la obra. ¿Y ahora? -Preparo M estigma, en el que p l a n t e o u n problema jurídico de alguna i m p o r t a n c i a en cuyo desarrollo j u e g a n papel principalísimo dos viejos que me t r a e n preocupado. ESCENA X I- -Supongo que Mancha que limpia disfrutará el privilegio de ser traducida. MATILDE (Srta. Guerrero) ¡Dios mío, yo me vuelvo- -Muy pronto se estrenará en Berlín, arreglada al alemán p o r loca! L a cabeza me da vueltas u n principe. -Eealmente, la l a b o r es digna de eso; y ojalá á todos los principes les diera por ahi! -Además se e s t r e n a r á en Stookolmo, y probablemente en A t e n a s Y D. J o s é se levantó, se subió el cuello del abrigo, dijo b u e n a s noches, y no hubo m á s A l l á en el estío, cuando el sol destacándose en el horizonte como u n a i n m e n s a bola de fuego caldea n u e s t r a s mejillas y abrasa l a s doradas espigas del trigo, cuando al a r r a n c a r la hoja del calendario descorremos el m e s de J u n i o E c h e g a r a y a b a n d o n a su t e r t u l i a de casa de Fe, deja de discutir con Campoamor y se t r a s l a d a á su chalet de Marín, delicioso p u e r t o de G- alicia que se columpia e n t r e dos pueblecillos, y que parece con sus casitas blancas u n a b a n d a d a de g a v i o t a s que h a detenido allí su vuelo. A las t a p i a s del j a r d í n de E c h e g a r a y llega el m a r en clase de d r a m a t u r g o como creador de grandes tragedias; llega rugiente, r e b o t a n d o su espuma como u n caballo j a d e a n t e Allí, en aquel r e t i r o lejano de las gentes, el a u t o r de JEl gran galeota p r e p a r a su labor, trabaja, m a d u r a y vuelve á Madrid en el invierno buscando el calor de los éxitos y la confirmación de sus obras. Se hunde en el A t e n e o ó en casa de Pe, vuelve á discutir con Campoamor, y sigue el engranaje de su vida. P e r o E c h e g a r a y ahora tiene o t r a o s e más que sumar á su actividad: la bicicleta. ESCENA F I N A L FEEHASDO. ¡Cállate (Volviéndose á su madre. ¡La m a t é yo! DOÑA. OONCEPCIÓÜ (Sra. Domínguez) ¡Cuánta sangre! PíRNANDO. -NO importa, madre; esa es m a n c h a que Jimpia.