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satisfeclio con haber suprimido los gastos supérflaos, infalibilidad y á la filosofía cristiana, es el árbol de honda hace vender las naranjas y las legumbres de sus jardi- raíz, de tronco inconmovible, de copa severa, erguida y nes. En Carpineto, los propietarios diligentes no despre- apretada, que como dedo gigante se dirige al cielo. cian ningún rédito, por modesto que sea. La restauración de los estudios tomistas Haced como yo, suele decir el Papa á sus es otro de los acontecimientos que forman cardenales: con veinte sueldos diarios ten, época en este papado. go bas ante para mi subsistencia. Enemigo acérrimo del espíritu de innova 7- i iiespecto á su vestido, las religiosas do ción filosófica, que desde el siglo pasado lia Roma, por honor y por privilegio, se encausado tantas perturbaciones políticas y socargan de tener bien provisto su guardaciales, León XIII pensó desde el primer día rropa. Los regalos q ue por otra parte recivacunar la actual civilización con la savia be el Papa de todos los ámbitos de la crisde la vieja y clásica filosofía, prescribiendo tiandad, sobran para sus necesidades sin en todas las Universidades católicas la enmermar su tesoro. señanza do la Summa de Santo Tomás y poNi se crea por esto que el Sumo Pontífice niendo las doctrinas del siglo X I I I en opotiene nada de avaro. No da á manos llenas sición á las teorías del nuestro, que se arroy espléndidamente como su antecesor, pero gan temerariamente el nombre de ciencia i. -j S. i i. y con sabio cálculo reparte todo su caudal entre su corte, las escuelas y prensa católica, los pobres y las obras materiales, que enriqueciendo el Vaticano harán de perdurable recordación la época de León X I I I una de las más útiles para el bienestar de los cristianos y el progreso creciente de su Iglesia. i j SU PONTIFICADO No en tono de elogio, sino como verdad real, puede asegurarse que el pontificado de León X I I I quedará grabado en mármoles yen bronces. En mármoles, porque es vieja costumbre en la historia del Vaticano que el escusón de los Papas respectivos selle las obras por ellos realizadas en la gran residencia pontifical, y no es León X I I I el Papa menos dado á las obras de ornato, ombollecimiento y riqueza de su palacio; en bronces, porque todas las fechas célebres del papado actual han sido celebradas con la acuñación de medallas conmemorativas. De ellas presentamos al lector algunas que constituyen algo así como un resumen numismático de la brillante historia pontifical de León X I I I Campean en la primera sus armas, un ciprés y una estrella con este mote: Lumen in celo, y nada mejor que un ciprés puede simbolizar al actual pontificado. Cede á los vientos, es decir, á las exigencias de la política y á las necesidades de la diplomacia; m. TS en cuanto hace relación alHogmn, a l a I- a- instrucciones que á este efecto dio el 1. a- jn l i rjiífice algunos meses después de su ad 1 I i mentó, fueron repetidas imperativamente en la Enciclica de Agosto de 1879. León X I I I ha fundado después la Academia de Santo Tomás, solemnemente inaugurada en 1880, y ha pedido á los arzobispos belgas que funden en la L niversidad do Lovaina una cátedra especial dedicada á la exposición de la filosofía del Ángel délas Escuelas. x l restaurar el Observatorio astronómico que fundara Gregorio X I I I ha demostrado el Papa sus aficiones científicas, bien probadas en su juventud, y su entusiasmo por las conquistas civilizadoras del siglo, que jamás negó la Iglesia. No hay que olvidar la tradición gloriosa del Observatorio romano. A un Papa se debe la corrección origen del calendario actual, y al frente del Observatorio restaurado por León X I I I ha habido siempre clérigos sapientísimos, de la orden de los jesuítas especialmente. Unode los triunfospolíticosdeLeónXIII, por el respeto con que fué acatado su fallo y por la alta consideración que suponía entregar en sus manos el arbitraje, fué la decisión papal en la cuestión de las Carolinas, surgida entre Alemania y España y sometida al arbitraje pontifical en Septiembre de 1885. Periódico tan importante como la Gaceta de Colonia dijo en aquella ocasión: Alemania profesa tanta estimación á la persona de Su Santidad y tiene tanta confianza en su imparcialidad, que no le seria posible recusar un arbitro de tan alta importancia. 1i f