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s u s PREDECESORES GREGORIO XVI Llamóse antes Mauro Capellari, y pertenecía á la orden de Benedictinos Camaldulenses. Fué elegido P a p a el 2 de Febrero de 1831, y gobernó q tiinc 6 ailoa l a Iglesia. Dotado de vasto saber, de gran piedad y singular prudencia, tocóle c o m b a t i r los efectos de la revolución francesa de 1830, llamando en su auxilio á, las tropas austríacas, las cuales en breve tiempo somet i e r o n á los rebeldes de los Estados Pontificios y mant u v i e r o n la paz d u r a n t e este pontificado. Publicó u n a Encíclica famosa, en la cual enumera los males de la Iglesia producidos por el progreso do las nuevas doctrinas, condenando la teoría filosóficopolitica de L a m e n n a i s las obras de J o r g e Hermes y los errores de B a u t a i n Deploró y protestó enérgicamente á la faz de Europa contra la profanación de las iglesias y conventos de E s p a ñ a y las matanzas de frailes llevadas á cabo en el territorio de nuestro Península el año de 1833. Extendió el Evangelio por la Oceania y el ííuevo Mundo: reanudó en África la serie de sus obispos, interrumpida d u r a n t e catorce siglos; confirió setenta y cinco capelos é i n s t i t u y ó más de quinientos obispos. Fomentó el cultivo do las letras y de las artes abriendo y dotando colegios y escuelas y terminando la iglesia de San Pablo, extramuros de Roma. P í o IX J u a n María de M a s t a i- F e r r a t i fué arzobispo de Spoleto é Imola, promovido á cardenal por G- regorío X V I y elevado al solio pontificio el 21 de J u n i o de 1816. Pío I X se hizo notable por la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción de Maria, en 8 de Diciemb r e de 1854, en presencia de más de doscientos obispos; por su firmeza y c o n s t a n c i a en defender el poder t e m p o r a l de la S a n t a Sede, y por h a b e r llamado de nuevo á P o m a á los obispos del orbe católico, que en número de trescientos diez presenciaron el día de Pentecostés del año 1862 la canonización de los mártires del J a p ó n y declararon necesario el poder temporal de la Santa Sede p a r a el buen gobierno de la Iglesia. A destruir los modernos errores dirigió su B u l a Quanta cura y el famoso Syüahus, y el 8 de Diciembre de 1869 abrió el Concilio Ecuménico V a t i c a n o en el cual se c o n d e n a r o n los errores del ateísmo, materialismo, panteísmo, etc. y se declaró la infalibilidad del P a p a Murió á los ochenta y seis años en 1. de Febrero de 1878, habiendo gobernado la Iglesia cerca de treint a y dos años, ó sea más tiempo que n i n g ú n otro Papa, incluso el mismo San P e d r o