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de raudas y ciiuajus qnü vouduria ol coiiioroio, con buoua ganancia, para aij uoUus fit stas, n i lu q uc trabajarían sastres, modistas y joyeros, obteniendo pingües recompensas. No menos famoso fué aq uel otro baile q uo los duques de F e r n á n Nüñe dieron en su palacio do la calle de S a n t a Isabel, y en el que la comparsa principal reprodujo la corte de los Beyes Cafcrfrcos con todi s sus esplendores. De Doña Isabel la Oalólica hizo u n a de las beldades más espléndidas de la corte. Ja hija do la condesa de Campo Alanjo, marquesa do la Granja que fué luego y marquesa de Pacheco hoy; la Inftmla Doña Juana era la actual condesa do Pinohermoso; la Regen e de Navarra, la condesa de Sclafani; la Man ne- ia de Villena, la señora do Lumians; la Marciuesa de Moya, la do Molini- la üoiídesa de MedelUn, la de Campo Alanje; la célebre Latina, la marquesa do Heredia. L a reina doña Isabel fué á esto bailo espléndidamente vestida de Esthor, y la duquesa de Medinaceli so presentó de Atalia, entrando en los salones conducida en u n palanquín. Algo parecido á estos dos famosísimos bailes hemos visto en nuestros tiempos los quo asistimos al que en el mismo palacio do CervoUón se celebró en los días prósperos del reinado de D. Alfonso X I I So compuso la cuadrilla iirincipal de personíijes de la Comedia italiana, representando los primeros papeles femeninos SS. A A la infanta Doña Isabel y Doña Eulalia, u n a hermosa C (i oí 7iii o, la duquesa de Alba, la horaiosa Mad. Stuars, ministra que era entonces de Holanda; la vizcondesa do la Torro de Luzón, y otras coUíbradas beldades. L a marquesa de la L a g u n a so presentó espléndidamente vestida de reina de Sala y cubierta de brillantes y preseas de los pies á la cabeza; la duquesa de Osuna fué la árabe íútina; la condesa do Pinohermoso, uiia princesa persa; la actual marquesa de Squilacho, u n a odalisca; la marquesa de i l a n z a n o d o María A ii,l nh ta; la duquesa do Valencia, la Emperulrh Josefina; la marquesa de Molins, Djua Jaawi la Loca dol cuadro do Pradilla; la condesa do Agrola, u n a puesta de sol. S. M. la r e i n a Doña María Cristina asistió con un rico trajo do la época Luis XV, copiando la A b u n d a n c i a y Ja Primavera. Dol mismo año que esta ospléndida (iosta fueron los cuadros vivos representando el Carnaval do a n t a ñ o y ol de- hogaño, en el palacio do l a duquesa de Medinaceli. A la actual marquesa do Viana deben los anales dol Madrid aristocrático dos deliciosas iiestas: la do Pia- rcts y Pierrnts cuando ocupaba ol lintel do la calle do Puoncarral, quo es hoy u n piadoso asilo, y la de la Tarantela quo so bailó en ol palacio que hoy ocupa. L a última fiesta del palacio de los Osunas en las Vistillas, fué u n b a i l e famoso do dominóíi blancos que dio mucho que hablar á las crónicas de la villa. P e r o todo esto pertenece al pasado, y al recordarlo se puede preguntar: Los infantes de Aragón, ¿q é se hicieron? Todo h a pasado como la verdura de las eras, y al presente, el C a r n a v a l es triste. Sin embargo, como á la magia de los recuerdos, Madrid so anima; algunas máscaras elegantes a s a l t a n los coches donde v a n beldades, y se reproducen escenas de los antiguos tiempos. Poro vuelvo á mi t i m a falta dluero, y no h a y p o r lo t a n t o alegría. Gsca- oa también ¿por qué no docirU. el buen gusto, y sobra una pi daui, odCa seriedad de que quiero revestirse la gente joven, creyendo quo so haco asi más interesante, y bien sabe Dios que no consigu. sino hacerse insoportable. L a alegría, el buen humor y la expansión son t a n n a t u r a l e s en la j u v e n t u d como las rosas ou Abril; y nuestros mayores, quo realizaron t a n audaces empresas peleando on los campos de batalla, discutiendo en la t r i b u n a tomando parto on ol movimiento literario, ya como clásicos, y a como románticos, supieron divertirse y b a i l a r o n en Villahermosa y cortejaron en Palacio, y sin dejar de cumplir la misión que les correspondía en su época, supieron ser siempre rendidos servidores de las damas, dando á la j u v e n t u d lo quo de derecho la pertenece. H o y parece que lo entienden de otro modo; con su pan so lo coman; pero, francamente, hay que oonver seria aburrido vivir en estos tiempos si de cuan lo en cuando n o floreciesen todavía las rosas do a n t a ñ e KAS (DIBUJOS DK M K N U B Z B K I N K A)