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qVi. l UK AKTASO LO QUK Eb AHORA ¡i íoAKOs TIEMPOS! Todos los años se repite con m o n ó t o n a insistencia la frase de qne el Carnaval ha muerto, y se repiten trasnochadas consideraciones para demostrar que l a fiestapaganano es dignade la cultura de estos tiempos. Asi será, sin duda alguna, cuando o afirman t a n graves doctores como los que ofician de pontifical todos los años por Carnestolendas; pero si ellos t i e n e n razón, n o v a n descaminados los que hacen ohservar que el apogeo W del Carnaval coincidió con época de g r a n prosperidad y reposo de que n o hemos gozado de sde que las máscaras vinieron á m e n o s Y esto se comprende iácilmente; el Carnaval, como t o d a fiesta, necesita de dos principalísimos elementos, el b u e n h u m o r y el dinero; y sin el ánimo dispuesto p a r a las francas expansiones de l a alegría, y sin la holsa bien repleta p a r a g a s t a r sin apuros, no se puede hacer n a d a bueno, especialmente en lo que se refiere á festejos. Hemos adelantado mucho los que tenemos la dicha de vivir en estos tiempos; gozamos de todos nuestros indiscutibles é indisputables derechos, disfrutamos de portentosos adelantos, alcanzamos evidentes mejoras; pero es lástim a que todo esto nos coja con poco, con poquísimo dinero. T de aquí nacen los disgustos y sinsabores que atribuímos á otras causas más trascendentales, porque n u n c a es decoroso confesar la íalta de recursos. Si, el C a r n a v a l ha decaído, es evidente; no es n i sombra de lo que fué en otros tiempos; pero que n u e s t r o s agricultores vendieran bien el fruto de sus cosechas, que de los lagares saliera el vino pagado á b u e n precio p a r a los mercados del extranjero, que floreciese próspera n u e s t r a industria y no estuviera ahogado y abatido el comercio, que el propietario percibiera sus r e n t a s y n o se llevasen lo mejor de ellas las contribuciones, que tuviéramos t r a t a dos ventajosos con otras naciones y que no viviéramos en continuo déficit, y entonces se vería si el Carnaval había decaído. H a decaído en todas partes donde ha ido desapareciendo la riqueza y aumentando la deuda, y es, como siempre, alegre y regocijado allí donde h a y dinero que gastar. ¡Buenos están ahora los tiempos p a r a dar bailes de trajes como aquellos que se celebraron en los palacios de Medinaceli, de Cervellón, y en el mismo P a l a c i o Keal! ¡Bien a n d a n de dinero las gentes que ocupan posiciones distinguidas p a r a organizar mascaradas como aquellas de los carros triunfales y las cabalgatas que l l a m a b a n la atención en el P r a d o! U n baile de trajes cuesta mucho dinero á los que lo dan y á los que asisten á él, y es además manifestación de ingenio, de b u e n h u m o r y de reposo de que en los tiempos actuales, por desdicha, carecemos. ¿No fué cosa digna de encomio, y que merece recordarse con regocijo, aquel baile famoso de la duquesa Angela de Medinaceli, que t a n admirablemente descrito hallamos en los papeles viejos del marqués de Molins, de ilustre memoria?