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en la Ópera y ílesías l.i colores en el asino municipal. Cada íifio KÍÍ ÍÚV CU IIOH! ¡i: itu; cs, y (ÍSOS Vínicos H n los que se admiten á la íiesta; el decorudü del salón, O los trajes de las señoras, liasta los billetes invitando á la íiesta, son rojo y negro, azul y blanco, ú otra combinacióu cualquiera. El efecto óptico no puede ser más original, más bello ni más artístico. í. hiando parece que tan rápida sucesión de fiestas y más fiestas debería haber acabado, no ya con el humor, sino con las f ueriías físicas i3 e todóf los TiabitautcH de Xiza, viene el espectáculo más característico del Carnaval, el más vigoroso, el más duro: las batallas de confetti. Hon los confetti una grajea de mayor ó menor calibré, pero no dulce y comestible, sino de yeso coloreado. Desde por la mañana, en, los días de combate, se vende por sacas en los mercados y calles de Niza este proyectil de Carnaval Su precio es baratísimo; pero dada la cantidad de confetti que en tales, días se arroja, cada batalla suj) One un dineral. Dos francos y medio vale un saco de treinta y cinco kilos, cien sous los cien kilos, un sou cada paquete de los más pequeños. El arma de (combate es la palla ó sánsula, algo asi como una cachara con mango flexible, que permite arrojar á grandes distancias verdaderas perdi -onadas de confetti. Como aparato defensivo, todo el mundo lleva cubierto el rostro con una careta de esgrima, envuelta la cabeza por un capuchón de v 1 ij dominó, ó metida en un casco de alambre 6 de mimbre. La lucha es completauíente democrática é ignalatoria. Desde los príncipes rusos hasta el último marinaio, cada quigquc dispara siíi compa STón sQbre todos los demás. La igualdad ante el confetti es un hecbo. Enfundada la cabeza, resguardado el rostro, empuñada la sánsula, y en bandolera el saco de seda ó de pcrcalina repleto de confetti, mítes e combatientes T d rno V otro sexo se desparraman por el lugar del combate, que ahora es mayor que en la batalla de flores J Coge toda la calle de San Francisco de U 1 J. el (Jorso, la plaza de la Pref- ctura, donde están las tribunas oficiales; la plaza Massena, rodeada de grandes tablados; el Jardín público, el uai del Melodía, etc. La cfial es un disparo de cañóu en el viejo castillo qnese alza al final de la bahía. Apenas ha sonado, empieza el combate; cada tablado es uifá fortaleza, -aJa tribuna un reducto; los hombres son Cides, las mujeres Juanas de Arco; ni las sánsulas ni las manos descansan más que cuando el saquete está vacio y liay que correr aprovisionarlo de nuevo. Las personas más graves de Niza y de su colonia invernal no vacilan en cubrirse con la caperuza ó con el casco, que á veces tiene visera, penacho y encaje como cualquier casco del siglo XIV; peñas ó reuniones de amigos construyen para su nso particular un reniplete en medio del Corso, y tan dura es allí la refriega, que los combatientes de abajo hunden los pies en la capa que forman los confetti caídos. Bandadas do chiquillos (los colilleros de Niza) recogen apresuradamente y á puñados el proyectil caído para volverle á vender sucio y medio deshecho, pero todavía ntilizüblc. Blancura de nevada en los suelos, golpear de granizo en loa balcones, el sol luciendo á plena luz; verdadera confusión meteorológica, en la cual no falta el ar y iris formado por los gallardetes, los tapices, las flámulas, las banderas, los trapos teñidos y los postes pinta. do al dcsjíoj arse de su traje de guerra, siembra el pavimento de confetti, que caen con alegre cascabeleo. El martes de Carnaval, último día de fiestas, distribaciún de banderas en la gran tribuna de la plaza de la República, iluminación general, zarabandas populares, retreta, fuegos y ejecución pública del Carnaval, que es quemado en efigie Tal es el Carnaval de Niv, a cuando no llueve. Porque no hay que olvidar iue Febrero es un mes, por lo común, metido en agua; que Niza es puerto de mar, donde la lluvia no es rara ni mucho menos. ¡Ayl y cuando llueve en Niza, el Carnaval decae y se malogra; se estropL; an las flores, se disuelven los confetti, no quieren arder los faegos; Sn Majestad el Carnaval se liira le sufrir la pena (pie le impontíij j; or ¡ue mojado como está, cBe j tando su marlota, que no arel esta vez. LULS BKKMIG Al anochecer parece que en Niza ha caído una gran nevada: gruesa capa de yeso cubre el suelo, los balcones, las tribunas, hasta el interior de las casas, porque cada combatiente, (DIBUJOS DK HUERTAS)