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Sin necesidad de careta ni de disfraces Ni 7 a es el peipetiio f arnava! de las razaí? de los trajes y de las lenguas. Llegado Febrero, la ii Tmo a ciudad de la Bahía de los Angeles se viste de fiesta; acude á ella lo meiD de la sociedad parisiense, para la- cual ol Carnaval de Nizu es uti a fie- la tan de París como el vemissage, ú grand prix, etc. etc. y el immicip. j reglamenta las fiestas con todo cuidado, preparando la solemne entrada de S. M. el Carnaval, que llega á Niza de noche entre antorchas y músicas. La monan uía carnavalesca de Niza es anual y I Carnaval IV, y así sucesivamente; el Carnaval de este año es el número XXIII de la dinastía. El domingo precedente al de Carnaval se cumple el primer número de los festejos. Es el desfile, en orden disjierso, de todas his mascaradas que concnrrirán luego al Corso, armadas primero de flores y de confetti después. A lo largo del Paseo de los Ingleses emj) iezan ú levantarse estrados y trilmnas; en Niza la vieja se organizan las comparsas, se decoran con flores los carruajes, se preparan los lazzi, las bromas ingeniosas ipie lian de salir de labios femeniles. Los vecinos rivalizan en adornar sus balcones y ventanas; el municipio después premia esta galantería de los naturales concediendo recompensas al balcón ó ventana mejor adornados, á la máscara mejor vestida, al coche presentado con más gusto, á la comparsa mejor y más ricamente ataviada. Hace unos años alcanzó premio honorífico una carroza lindísima: era una colosal granada entreabierta, de cuyo interior salían un peiotó i de granaderos de la Guardia. El jueves gordo, primera batalla de flores. La carrera es larga y está cuajada de tribunas, de estrados, de postes, banderas y gallardetes; aparte de estos lujos artificiales, los naranjos y limoneros que adornan el Paseo de los Ingleses formira an fondo bellísimo para el cuadro alegre y animado que ha de verse después. Los jardines de Ni; sa, públicos y particulares, han sido arrasados; vagones de flores han llegado de fuera; aflémonas, rosas y violetas, se venden á canaslillas desde por la maDana en el mercado de las carreras y en el de la calle de San Francisco de Paula; cinco minutos antes de enipezar la batalla no se ve una flor, como no sean las que sirven de adorno á los carruajes y las que penden formando guirnaldas de ios balcones, estrados y tribunas. Los proyectil andan ocultos hasta que se rompe el fuego. Empieza la fiesta por el desfile de coches ante el jurado; los bomberos de Kiza cuidan de que el orden no se turbe antes de tiempo, apoyados en las en palizadas que sostienen la turba de curiosos. El cavalcadour (ó alguacilillo que aquí diríamos) da la orden del desfile, que empieza pausado y solemne. Ter minado éste, un galope del jinete municipal es la señal para que se rompan las hostilidades; en un segundo pueblan los aires flores de todas clases, colort y perfumes. suben de los coches á las tribunas, bajan de los balcones á los carruajes, cri izanse de las vallas á las carrozas, de tribuna á tril una y de estracio ú estrado. Las violetas de Parma, las rosas, los encendidos geranios llegan, si no á ocultar el sol, á pareceí que le roban todos los colores de su iris; las bt Has combatientes agotan en poco tiempo todo el cámnlo de proyectiles amontonado en el fondo del coche, y entonces devuelven con más fuerza las flori. jue reciben, economizan el proyectil y afinan, en cambio, la puntería; si no hay otro remedio, es despojado el coche de sus guirnaldas, filetes, grecas y cenefas de flores para que vuele todo por los aires. Corre la voz de que alguna dama inglesa, ó yankée arroja desde su carruaje flores raras, tropicales ó exucí cas, y todos procuran ser fusilados por mano tan espléndida. De algún balcón acechan el paso d tal ó cual carruaje, y lo cubren literalmente de flores paia que las bellas ocupantes logren con tal apoteosis la utilidad de un caudal d 6 ínnmciones que o se agota en mucho rato; imposible parece que tan nutridos disparos puedandurar más de un cuarto de hora; mas los proyectiles son devueltos, íasT s o hacen más que cambiar de mano, tornan, pasan y vuelan ííin ceaar; sólo cuando el suelo aparece lleno de pétalos sueltos y mustios, sólo cuando el alegre sol de Niza va declinando, y con el sol las fuerzas de los combatientes, aca a- la lacha, en que no hay vencidos ni vencedores ni más bajas que las sufridas por los jardÍQí? s. A partir de este día, las fiestas se suceden sin interrupción. Hay Corsos de gala, retre as con antorchas, fuegos de artificio, vegUora (bailes de máscaras) ilitariii; CIU IIUVÍL! V sucede ii