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LOS B A I L E S EL R I G O D Ó N Estamos en pleno imperio del rigodón. N i el novísimo pas ii quaíre con sus coqneteiias y m s posturas teatrales; n i el clásico miííife con sus graciosas elegancias; n i la p a v a n a con sus severidades y genuflexiones; n i el vals con sus arrebatos locos, ni los lanceros con sus complicadas com binaciones, han logrado derribar al rigodón de su trono fin de siglo. 7 J ¿iim- y: V xV f l E l rigodón i n a u g u r a todos los bailes: rompe el hielo lo mismo en las modestas reuniones de la clase media que en los espléndidos saraos de opulentos m a g n a t e s E n los regios alcázares, como en los bailes á que asiste algún principe de sangre real, el primer rigodón que se baila toma el nombre de rigodón de honor. E s t e es el verdadero rigodón, cortesano y ceremonioso como u n a pavana, elegante y coquetón como u n minué. Colócanse de cabeceras las augustas personas, teniendo por parejas á lo más ilustre de la encopetada concurrencia. Damas que ya no bailan, ancianos generales y graves ministros, toman parte en estos rigodones, que como se b a i l a n al principio de las fiestas y los españoles n o brillamos por la p r a É É f c i- ü e i m i t e n más desenvoltura en el movimiento de las parejas, a r r a s t r a n d o ellas por todo lo largo del salór