Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BEBÉ- JAI Napoleón, el íotógrafo de los niños, á cnyos talleres acudirán estos dias, como k la Meca de la infancia, los hombres de mañana con los disfraces lucidos en la Comedia, ha tenido la ingeniosa idea de reunir en un frontón á la flor y nata de sus pequeños parroquianos. Miradlo: es un frontón de verdad, un partido monstruo mirado con los gemelos al revés. Los jugadores lo sonde verdad; chiquitos auténticos, no de Eibar ni de Abando, sino del propio Madrid y de familias distinguidas de la corte. La cátedra está formada por los añcionados mas euragé entre los vacunados de difteria: no diremos que se crucen en la an I- ha muchos miles de pesetas, pero acaso se consuman algunas libras de caramelos. El bello sexo está dignamente representado en palcos y galerías; hasta la prensa tiene su representante en aquel niño que desde los palcos altos contempla la función con un gorro de periódico encasquetado en la cabeza. Los gustos y aficiones de la nación, las fases de la moda y los géneros de ¡sport que subyugan á los grandes, tienen en todas ocasiones su reflejo en La vida infantil, que á diario copia la de los adultos. En tiempo de guerra, los niños forman en la calle sus batallones con banderas de peroalina y espadas de caña; los últimos regimientos de la niñez que formaron en la calle fueron á raíz del patriótico levantamiento de la nación, cuando Melilla; si los toros constituyen la fiebre nacional, en plazoletas y jardines corren los niños con capotes minúsculos, banderillas inofensivas y cabezas de mimbre bien adornadas de cuernos; si como ahora sucede, el sport vasco llena de frontones la península de Coruña á. Cádiz, los niños empuñan las cestas y hacen botar á las pelotas, prefiriendo este juego á los más caprichosos y ricos juguetes mecánicos de los bazares. Con el aliciente de este caprichoso grupo infantil, no va á haber niño estos Carnavales que deje de despreciar los arreos militare? las galas de la Edad Media, las solapas de incroyahle, hasta los alquiceles morunos, por la boina roja ó azul, la gloriosa costa, los anchos calzones de frontón y la ceñida camiseta á rayas encarnadas ó azules.