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Á OCHO DÍAS VISTA La cuestlóa triguera. -Regateo con el ÍTiblern -TJn quíbatnQ allá allá esos granos -Medidas de protección. -Otro regateo. La indemni saclóa mirroqai. -Kl saoreto. ¡Tenga tela! -Carnestolendas de á real. -Máscaras en bicicleta. ftMO. Me iuMáem -PrégoU. El Proteo de Apolo. -Los cambios de casaca. -La combinación de gobiernos civiles- -Baratillo de bastones. El regateo de los trigos tuvo al fin su término con la noble transacción que es de costumbre en estos casos. -Han de ser tres pesetas, decía el Sr. Lagunilla, y de aqui sí q ue n o bajo n i u n perro chico. -Paes usted verá, decía el G- obierno revolviendo almudes y celemines; pero con seis reales y cuartillo creo que nos ponemos en razón. -Once reales, y no hablemos más. -Siete, p a r a que no sea n i lo de usted n i lo m í o Y á todo esto la agricultura y demás fuerzas vivas del país se sentían más vivas que n u n c a y n o podían por menos de llorar agradecidas ante el espectáculo consolador de unos diputados y de u n G- obierno t a n celoso por el bien de la patria, que estaban á p u n t o de enredarse á cachetes por u n quítame allá esos granos ya que n o por u n quítame allá esas pajas -Yo hago el asunto cuestión de G- abinete, decía el Gobierno. -Y y o cuestión de despensa, g r i t a b a n los defensores del trigo indígena. Este será protegido al íin en la medida (de capacidad p a r a áridos) de nuestras escasas fuerzas. El trigo extranjero será multado con u n escudo. De la lanza y a se e n c a r g a r á él. Además de esto, el trigo nacional viajará poco menos que g r a t i s Y se gestiona para que entre de balde en los t e a t r o s Y el G- obierno sigae c u m p l i e n i o sa misión eom j el más diligente de los h o r t e r a s Después de r e g a t e a r al céntimo los derechos de importación del trigo, es h o r a de r e g a t e a r la indemnización m a rroquí dobla d dobla, una por una. Mucho tiempo se perdió en los preliminares, mas era forzoso desagraviar por todos los medios posibles á Sidi Brisha, hasta que éste dijera abrumado y faera de sí: ¡Basta, por Alah! Pretiero los sablazos anónimos y los golpes con firma, á t a n t o té, con el cual me encharcáis el estómago estos días. Mi secretario ha puesto versos en todos los abanicos de la grandeza, mis cmds a n d a n por la calle con bigote rubio de huevos hilados ¡basta, por Alah! P o r fin las negociaciones serias empezaron; pero el secreto sobre ellas es t a n absoluto, que el Sr. G- roizard h a aprendido el árabe á ratos perdidos p a r a n o tener que echar mano de intérpretes, pues se sabe que secreto de tres, y a no lo es El mismo día que los periódicos a n u n c i a r o n el comienzo de las conferencias, dijeron t a m b i é n que el embajador había encargado á varios comercios de Madrid piezas y m á s piezas de tela, y que se p a s a b a l a t a r d e en el hotel comparando colores y matices. De lo cual se desprende p r i m e r o Que el embajador entiende de colores. Segando: Que con t a n t a tela, es fácil que se haga u n a muleta como la del Gordo. Y tercero; Qae en los lancha, banquetes, Juergas y jaleos de los días pasados, ha aprendido u n a frase m u y alegre y m u y española: ¡Venga tela! No sabemos si al fin y al cabo el carnaval del E e t i r o será gratis ó costará veinticinco céntimos, según la modesta pretensión del señor conde de E o m a n o n e s