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EL MAYORAL H a b í a llegado á Buenos Aires, procedente de Sevilla. Era u n buen mozo, sevillano, serio, valiente y discreto: carecía de instrucción, pero demostraba buen talento natural. So sabia q uo era de los Grelbes que era aficionado á torear reses bravas, que era huérfano y pobre, y que había emigrado de España por causas políticas, según unos, por no tener qué hacer en su patria, al decir de otros. En poco tiempo había conseguido ganarse las simpatías de algunas personas, y vivía poco menos que de milagro, pero vivía; aspiración humilde que no lograban ver realizada otros españoles, igualmente aventureros, emigrados también en América. N a d a más se sabía del mozo. Es decir, se sabia su nombre y apellido paterno, que á nadie le ocultaba. E r a el apellido que le había legado u n hombre bueno, honrado y digno. Manuel Domínguez llamaban al joven. Las circunstan- eias no eran m u y halagüeñas para Manuel. En América, como en España, es preciso trabajar p a r a comer. Manuel no rehuía el trabajo, pero no tenía donde ganarse el pan, siquiera fuese de la emigración. E n t r e las personas á quienes conoció, se contaba u n propietario rico do grandes terrenos. El mayoral do una de las fincas mejores de aquel caballero, era u n hombre de color. ÍJn valiente, y que llevaba fama de invencible en el país. Un hércules de estatura gigantesca y músculos do hierro. E n reunión de bravos, cuando se presentaba el negro. era ol señor absoluto: nadie se atrevía á disgustarle. Manuel Domínguez pretendió l a plaza que aquel caballero. -Mucho gusto tendría en ello, respondió el ésto; porque disfrutaba aquel monstruo en la finca de negro, n i me da cuentas, n i hace más de lo- i, que quiere. Más que mi mayoral, parece el amo. Pero le advierto, amigo, 3 ív que n o se aventure, porque le costaría caro. ¿Conque si yo consiguiera convencer á ese valiente, le reemplazaría? preguntó, ofendido en su amor propio Manuel. Ya lo creo! afirmó el caballero. -Pues déme las órdenes que quiera, que esta noche salgo p a r a la finca en busca de ese guapo. ¿Quién será ese? p r e g u n t a b a u n trabajador á otros varios, viendo acercarse en dirección de la casa á u n jinete desconocido. Vestía el traje de campo del país y montaba con cierta soltura y elegancia en u n caballo negro bien enjaezado. -Parece forastero, opinó otro de los trabajadores. En esto llegaba y a el desconocido á pocos pasos de la casa. Saludó á los peones, que apenas le contestaron. ¿Está por ahí Tomás? preguntó, en llegando, el viajero -El señó Tomás, eorrigió uno de los peones, está más ayaíya i