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m t -rfc Ti, TS í S t f íf? ft í 7 El último mariscal de Francia M 28 del mes pasado falleció en P a r í s á los ochenta y sois años de edad el mariscal Francisco Certain- Canrobert, único militar que en el ejército de F r a n c i a ostentaba t a n preciado y altísimo titulo. L a nación francesa cree que ú n i c a m e n t e los méritos guerreros pueden llevar á manos de los generales del ejército los gloriosos bastones de mariscal, y vacantes y sin dueño quedan éstos mientras la fortuna no designe cuál ó cuáles han de ser los principes de la milicia francesa. Hoy el grado más alto en ol ejército de la nación vecina es ol de general de división, y en el mando de los cuerpos de ejército t u r n a n los generales de aquella categoría. Respecto al difunto mariscal, su nombre va unido á las victorias como á los reveses de F r a n c i a en el siglo actual. Comenzó á dar pruebas de valor en el ejército de Argelia, distinguiéndose en los combates librados con Abd- el- Iíader. Volvió do África en 1837, mas n o permaneció mucho tiempo inactivo. Recibió la orden de formar u n batallón con los carlistas emigrados, y éste fué el núcleo de la legión extranj e r a El valor y arrojo de los españoles mandados por él facilitáronle grandes y repetidos triunfos. Cuando se decidió la c a m p a ñ a de Crimea, fué designado para formar parte de la comisión encargada de e x a m i n a r l a s cercanías de Sebastopol. Los primeros trabajos del sitio se realizaron bajo su dirección; mas disgustado por las crecientes dificultades suscitadas por los ingleses, solicitó en Mayo del 55 que se lo relevara do su cargo. Llegada la c a m p a ñ a de Italia, diítinguióse mucho Canrobert en Magenta y en Solferino, y en la guerra tranco- alem a n a mandó á los guardias móviles de París y cayó prisionero entre los rendidos de Metz. Vuelto á Francia, ofreció su espada á la República, representada en M. Thiers, mas se abstuvo constantemente do intervenir en las luchas do los partidos. Croia que el ejército y la política eran punto menos que incompatibles, y su retraimiento se hizo mayor desde que hace algunos años cayó del caballo que m o n t a b a dando u n paseo. Los Inválidos velaron el cadáver de Canrobert, y en la iglesia del Hotel de Inválidos fué enterrado el último mariscal do Francia. Don José María de Pereda y su novela (Peñas arriba: Con verdadero entusiasmo y ansia acude todo lector español al pasto sabrosísimo de las obras que ol maestro P e r e d a nos da de cuando en cuando, pero con mayor avidez y apetito las devoramos quienes manejando á diario la pluma reducimos el diccionario al modesto léxico de las necesidades periodísticas. L a prisa de las hojas volantes y el nervioso rasgueo sobre las cuartillas, reducirían bien pronto el idioma á pequeña cosa si el diccionario español, riquísimo, pintoresco y exuberante, no se g u a r d a r a como el libro de los siete sellos por los sacerdotes de la tribu privilegiada de las letras, entro los cuales forma Pereda en primera fila. H a r t o enterados, están de su elevado papel los egregios conservadores del habla do Cervantes, y h a r t o á menudo demuestran conocer m u y bien los defectos literarios de la prensa, pues aparto de ejemplos más recientes, el mismo ilustre escritor que h o y con g r a n éxito periodístico pone á la v e n t a el último producto de su ingenio, llamó no há muchos años chicos de la prensa á los periodistas españoles, frase que por haber quedado de uso corriente ya no tiene n a d a de despreciativa. Bien quisiéramos ofrecer al lector, j u n t o á la típica y castiza efigie del castellano de Polanco, u n juicio de su obra ó, al menos, u n resumen de olla y u n elogio más largo que el presente; m a s v a y a er. intención lo que no va en dimensiones, y sepa el lector curioso que todas las cualidades resplandecientes en SotUe a, en La Puchera, en Pedro Sánchez, en Bocetos al temple y en c u a n t a s obras del maestro ha saboreado, brillan y duran en Peñas arriba, á cuya lectura se prepara el ánimo con simpatía y devoción excepcionales después del sentido prólogo que encabeza la novela. Fotog. Edij. Debatí.