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Cuando ol grupo llegó al pie do la escalera, y fronte á la puerta del restaurant, un caballero bien portado, grueso y do adusta fisouomia, se dirigió al embajador, le saludó en árabe, y poniéndole la mano sobre el rostro le dijo: -Toma, para que tu amo se acuerde de Margallo. La confusión subsiguiente no es para descrita; ol agresor fué en seguida preso y conducido á la delegación más próximi, dosdo la cual pasó á los calabozos de San Francisco; el embajador y su comitiva ocuparon las carrozas X it- Dlhiijo de nutrias mollinos y preocupados con tan rarísimo lance; el caballerizo picó espuelas, adelantándose á Palacio para informar de lo ocurrido á la Reina y al Gobierno. Tal fué el suceso, calificado en los primeros momentos de crimen do lesa majestad, de horrendo delito y tentativa salvaje, sin igual en la bistoria. Cosa estupenda y extraordinaria debe ser, en efecto, porque pesadas las circunstancias del hecho y del agresor, apenas si encuentra ol m. ás práctico leguleyo. en los artículos del Código penal civil y en las leyes penales militares una sanción, ni aproximada siquiera, Átfh io soñaron los irritados ciudadanos quo ya sacaban campanillas y bandejas para pedir por el reo en capilla.