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LAS LÁGRIMAS DE MOMO Júpiter se aburría on el cielo desdo que no bajaba á la tierra por no dar celos á Juno. En vano procuraba Momo divertirle haciendo muecas y extravagantes contorsiones: el dios do la risa, humillado y entristecido, hizo pedazos el aro de cascabeles y se retiró á, una apartada viña de los Campos Elíseos, donde se pasaba las horas muertas comiendo pámpanos y echando lagrimónos. Entristecióse el Empíreo con la ausencia del payaso de los dioses, l a misma Noche, que antes tenía la apariencia de una viuda enlutada, quedó más lúgubre y más triste, aumentándose las sombras en su rostro. En vano cantaban, bailaban y recitaban versos las nueve Musas para regocijar el Olimpo. Sólo parecían satisfechas de aquella tristeza general la vengativa Némesis, la destructora Parca, las Furias y Medusa, que se pasaba á contrapelo las manos por la cabeza para que se agitasen y silbaran sus trenzas do serpientes. Pintón y Proserpina abreviaban sus visitas para regresar álos Infiernos, que estaban más alegres que el Olimpo: allí al menos los recibía el Cancerbero ladrando da alegría con todas sus bocas. Las Horas daban vuelta á su devanadera bostezando. Venus no llamaba á los amorcillos para que le atusaran su cabello dorado, y en sus mejillas descuidadas nacía espesa barba. escamoteo mercantil: la linda Hebe, que alegraba la vista cuando se adelantaba con la copa de néctar en la mano, resbaló por el cielo, rompiendo su copa en la cabeza de una Harpía, que atronó con sus alaridos el Olimpo. -jBasta! dijo Júpiter lanzando ras de ira por los ojos; y volviéndose habif Apolo, le dijo con melancolía: Tú sólo me comprendes, tú, que has corrido por el campo persiguiendo á Dafne. Yo te aseguro que era más feliz que en mi trono cuando, convertido en oro, daba mugidos por la tierra, ena. uorado de Europa, y levantando de una cornada hasta las nubes á los rivales que me disputaban aquella hembra magnifica. A q l grato recuerdo desarrugó el ceño del dios, y Apolo hizo un magnífico soneto á la berrenda Europea, y no bion acababa de recitarle, cuan lo Baco entró en el cielo, sentado en su tonel arrastrado por tigres. Colgado de un tronco de cepa, y tan enjuto y exprimido como un cuero vacío, iba el pobre Momo con el cuerpo doblado y casi exánime. Los dioses rodearon el grupo asombrados del aspecto misero de aquel triste moribundo que había sido el dios de la risa y era un colgajo de huesos y pellejo con un soplo de vida, y que sólo podía sostenerse suspendido do una percha. V So llamó á Hércules para que hiciese juegos malabares con estrellas: á Proteo para que, cambiando de formas, divirtiese á los dioses, y á Mercurio para hacer suertes de Esculapio le reconoció el pulso, auscultó su pecho, y meneó tristemente la cabeza, diciendo: -Era la risa la sangre de su cuerpo, y se le ha sa-