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MADRID DE KOCHE EL SENADO DEL ATENEO Al trasladarse la docta sociedad desde el vetusto casón alquilado en la calle do la Montera al flamante edificio hecho de planta y exprofeso en la calle del Prado, muchos de los nombres familiares que allá tenían peñas y locales vinieron también con los carros do mudanzas entre los retratos y los libros, entre los bustos y el yato, de recuerdo casi perdurable. T mientras el elemento joven, aquí como allá, discute en la cacharrería, perora en el salón y estudia arriba en la biblioteca, los socios fundadores, á quienes tanto y tanto debe el simpático circulo, fórmanlo todas las noches, y á su tertulia se la llama el senado lo mismo que en la casa vieja. Figuerola, Pedregal, X Gabriel Bodríguez, Trompeta, los valientes leaders de aquella famosísima campaña á favor del libre cambio, forman el núcleo de la compacta peña que todas las noches se reúne en el salón de en medio, entre la cacharrería J la sala de tapices, al pie do un jarrón hermosísimo regalo de Pikmau, y junto al busto de bronce de D. Alberto Lista, cuya cabeza simpítica parece oír con gusto la conversación, y cuyos ojos se recrean en los recuadros del salón, donde la flor y nata de nuestros pintores retrataron á los españoles ilustres que florecieron en Italia. Con los veteranos economistas que un día tremolaron victoriosa la bandera del libre cambio, siéntanse todas las noches D. Pedro Pérez de la Sala, el cronista originalísimo de la guerra franco- prusiana, Dacarrate, Lastres, etc. y entre otros varios, D. Antonio Pirala, el historiador de la España modernísima, que de cuando en cuando marcha cariñosamente hacia el otro lado del salón donde toman café los jóvenes, á quienes parece decir como Miehelet: Haced la historia, que aquí estoy yo para escribirla luego Ni se orea que los campeones del Ateneo viejo toman éste como cuartel de invierno y se reúnen sólo para dormitar un par de horas sobre sus laureles, no; en los grandes empeños, como en las grandes festividades de la casa, les encuentran dispuestos y apercibidos. Todavía recordamos aquella maravillosa velada en que para hacer un digno panegírico á Jhon Brigth, los señores Piguerola, Azcárate, Pedregal y D. G- abriel Rodríguez tejieron para el íamoso economista ingléa ideal y elocuentísima corona; recientes son las veladas musicales organizadas por D. Gabriel Rodríguez, y en La España en el siglo XIX, colección de conferencias impresas por el Ateneo, tienen mucho que aprender los entusiastas jóvenes que pueblan por la noche el salón y por la tarde la biblioteca. Fotog- (1 c M, Fro fízmi, oc- la f- ooíe 1 ad AriisHcn- Fofofirófica, Principe, 22. LUIR B E R M E J O