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En vano intenta hacerse oir de las Cortes, y dice como el manólo de D. Eamón de la Cruz: Mi bien, ¿no vale más qne dos ducados? A lo cual el Congreso responde alargándole una moneda para que se vaya y no canse: -Toma; ¡conténtate con dos pesetas! Seguramente, cuando el lector pase su vista por estas lineas ó por los grabados que las adornan (que no llega á más mi pretensión) habrá terminado el asunto en las Cortes. Cuando esto escribo llega á su auge, y el vocabulario heráldico es familiar á los señores diputados. ¡Lo ha puesto sinople! dice un diputado después de la sesión, por decir lo ha puesto verde Y otro añade: -Y el aludido se ha puesto completamente gules- -por decir rojo -No me venga usted con lambrequines, añade un tercero para decir que no traten de confundirle con folias ni retóricas. Y nada más. Porque claro es que no llegará la sangre azul al rio. Las cosas que d mi me pasan parecen cosa del diablo, puede decir con la copla nuestro primer establecimiento de crédito. En efecto; no hace mucho, la sucursal del Banco de España en Sevilla fué objeto de un robo audaz y rarísimo, en el cual los rateros se valieron del cloroformo como de la más eficaz de las ganzúas. Ahora se dice que en la sucursal de San Sebastián se han comido las ratis un fajo de billetes de mil pesetas. En ambos casos se trata de ratas, como ve el curioso lector. En Sevilla son ratas con música de Chueca. En San Sebastián ratas de verdad, con auténtica música ratonera. Aunque lo grave en ambos accidentes no son las ratas, sino loa gatos de que se han apoderado, añadiendo una página más á la historia de El mundo al revés Bien vengas, mal, si vienes solo, puede decir el Banco, temblando por lo que pueda ocurrir en otras sucursales. Después de robos tan estupendos y de pérdidas tan extravagantes, ¿qué desfalco puede extrañar á la opulenta Compañia? Miremos con cuidado la prensa de provincias, seguros de encontrar antes de mucho noticias á este tenor: Be otro robo ha sido victima el crédulo cuanto desdichado Banco de España. Los rateros han extraído todo el metálico existente en las cajas de la sucursal de X, valiéndose del siguiente procedimiento: aprovechando las horas en que está abierta la caja, colocaron un poderoso imán en la acera de enfrente, y las monedas se fueron ellas solas á manos de los ingeniosísimos malhechores. El mejor día se enteran los madrugadores de que ha desaparecido en total, con oimientos y todo, el palacio que tiene el Banco en el Prado y calle de Alcalá. ¡Desgracia como la nuestra! dirán los accionistas bonachones. Y el público, hecho ya á tal género de noticias, acabará por no parar mientes en ninguna, por original y maravillosa que sea. Cuando nos den cuenta de otro robo y nos digan que los ladrones se presentaron con el pretexto de cobrar una letra, diremos volviendo la hoja y pasando á otra sección: Ya sé qué letra era: ¡K! LUIS (DIBUJOS DB CILLA) ROYO VILLANOVA