Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
OCXHO 0 na copla antigua. -La genealogía fl Pero Grullo. Árboles de árboles. -El antiguo Estamento de príia s. SA trigo y las amapolas. -Siga la disensión. Vocabulario heráldico. -La sangre azul al río. -Desgracia del- Banco de España. -Los dltímos desfalcos. -Dos clases de ratas. Loa gatos. -Noticias en perspectiya. -La consabida letra. Ducados g a n a n ducados, escudos compran escudos, y tahúres m u y desnudos con d dos g a n a n eondaaos. Esta antiquísima redondilla nos t r a í a y a curados de espanto apenas se inició el famoso y aristocrático deljate en el Congreso. E n p u n t o á. cohechos, falsificaciones, timos é imhroglios, nuestra malicia va siempre mucho m á s allá del t é r m i n o más escandaloso á que puede llegar debate n i pleito alguno; así es que por este lado, las verdades más frescas que i b a n á soltarse en el Congreso nos parecían verdades de P e r o G- ru 11o ¡Pero Grrullo! ese famoso y legendario personaje cuya sucesión directa se disputan en los actuales tiempos Calino y Gedeón. Si alguna sorpresa nos h a proporcionado el ruidoso debate de las Cortes, h a sido precisamente t a n a g r a d a b l e y consoladora, que bien podemos p e r d o n a r el coscorrón de t a m a ñ a l a t a por el bollo de t a n í n t i m a satisfacción. No h a habido cohecho, n i soborno, ni dinero por medio, n i agencias misteriosas, n i empleados vendidos Esto b a s t a p a r a t r a n q u i l i z a r á los corazones plebeyos. Separadas asi las cuestione? y limitado el pleito á la á u r e a región de las coronas y los pergaminos, bien hace, sin embargo, quien puede hacerlo, al pedir que se distingan las coronas de oro de las coronas de dublé, y exigir que los árboles genealógicos se reconozcan p a r a ver cuáles son de semilla y de asiento y cuáles h a n sido t r a s p l a n t a d o s de mala m a n e r a No diré yo que la cuestión de los ducados importe c u a t r o pitos á la n a c i ó n Lejos de mí frase t a n cursi é idea t a n injusta. A u n q u e la aristocracia n o h i c i e r a m á s que r e c o r d a r n o s en gloriosos apellidos y en c o m p l i cados blasones toda la historia de la E s p a ñ a vieja, es decir, de la España grande, ganado tendría el c a r i ñ o de la nación y su puesto en el Senado, que por algo se l l a m a b a antes Eslamento de proceres. Pero si á la nación i m p o r t a que su aristocracia brille y lo sea sin t r a m p a n i cartón, no le i m p o r t a menos que lo de Cuba se arregle, que se discutan los presupuestos y que sepamos si el trigo p a g a ó deja de p a g a r Llevábamos, sin embargo, mucho tiempo de trigos y t r i g u e r o s ¿Tan oraeles hemos de ser que no coasintatuos que en medio de los campos de t r i g o nazcan, p a r a animarles y adornarles, u n puñado de amapolas? Y esto viene á ser la cuestión de los ducados, i n t e r r u m p i e n d o la m o n o t o n í a de los debates trigueros: amapolas del campo; los consabidos monos en colores (gules, sínople, azur y demás matices heráldicos) con que se adorna. un texto t a n soporífero y amazacotado como el de l a s cartillas evaluatorias, columnas del arancel, t r a b a s de la importación y rebajas en los consumos. ¿Qaién sabe, además, si las disputas habidas en el Congreso de los Diputados t r a e r á n consecuencias favorables p a r a l a confección de los presupuestos, verbigracia? Se asegura, en efecto, que el ministro de H a c i e n d a exclamó u n a tarde, dirigiéndose al conde de X i q u e n a y admirando los incontrastables a r g u m e n t o s de éste: M i l gracias, señor conde; gracias á la c a m p a ñ a de usted, v o y á poder i a t r o d u e i r en los presupuestos dos ducados de economías. El país c o n t i n ú a haciendo cola, como siempre.