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m u estó Salgo del teatroasistí i i lili estreno. y aún tengo, señores, Ie punta los pelos. ¡Qué poca paciencia I ¡Qué poco respeto! Se alza la cortina; y á los doce versos, si no se han reído, empieza el pateo. Xjas exposicioves son lo más expuesto: lio t hiereii romances, ni historias, ni cuentos, y sin prepararlo quieren que el enredo sea verosímil y tenga gracejo, y sean los tipos de carne y de hueso, y nueva la forma y el asunto nuevo ¡Picaro negocio, que malo se ha, puesto! r i i.i Nadie exige tanto como los morenos. Lo (pie lian aprendido, y en qué poco tieniiiol Quieren i ie nn saínete lírlí o iiiodenio teiigii. melodías y motivos frescos y las proporciones de un traLajo serio. Antes, con un tango ó con un bolero que se repetían, éxito completo. Hoy es otra cosa: hoy cada maestro pretenden que sea un Wagner pequeño. Hoy los contrapuntos y los contratiempos hacen del teatro sala de conciertos, i u cada preludio e cauta el misterio ¡caro negocio, malo se lia puesto! Los moldes antiguos no sirven, por viejos: á un acto le piden tres cuadros, lo menos; veinte situaciones, trajes pintorescos, y chistes y chistes y efectos y efectos. ¡Nada de lirismos! ¡Nada defloreosI Y añil asi, protestan de todo argumento, si fino, por tonto; si basto, por grueso; si alegre, por fácil; si triste, por serio; si verde, por libre? si culto, por necio; si duro, ior fuerte; si blando, jior tierno. ¡Picaro negocio, (pié mulo se ka puesto! n No hay reventadores: hay aburrimiento, sobina de teatros, y de obras exceso, y cara reventa, y poco dinero; y así hay cada bronca, que el divino templo se convierte en sala del Ayuntamiento cuando se discute cualquieí- presupuesto. El público dice: ¿Yo pago? ¡Pue 3 pegoI S ¡es libre el aplauso, es libre el pateo, pues son ambas cosas ruidos molestos. Siempre que se estrena se exagera el éxito, si malo, por malo; si bueno, por bueno; por eso repito temblando de miedo. ¡Picaro negocio, qué malo se ha puesto! Jos- í JACKSON VEYAÑ