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NOVELAS RELÁMPAGOS EL ALTO EN LA ERMITA -Y entonces- -Entonces me refugié con mi dolor en estas soledades, pidiéndole amparo á la meditación. La existencia contemplativa me ha curado, m. e ha hecho ver que no hay verdad más que en el Altísimo y en la naturaleza. -El lucero de la tarde acaba de encender su fanal, hermano. La oración nos llama. -Pues vamos á tocar el Ángelus. -Y amos allá. Yo tamhién voy á darle á la esquila. ¿Quién iba á, suponerse tal historia tras de tu serenidad de anacoreta? ¡Hasta ahora no ha salido jamás de mi pecho y de mis labios! ¡Era una cosa muerta que dormía el eterno sueño en mi corazón! ¿Y no la has vuelto á ver? Haee quince años que nada sé de ella, los mismos Xfi h que llevo aquí en estos riscos viviendo en mi ermita. La he querido con locura, como sé quiere con el primer amor, cuando aún no se sabe que existe el desengaño. Era la primera mujer que se cruzaba en mi camino, esa mujer revelación que todos tenemos on nuestra vida. La prendó mi adolescencia y se dejó cortejar por mí; pero yo no la ofrecía más que un alma candente y unholsillo vacio, y se casó con un general. ¿Tú crees que no escapamos de la nuhe, mayoral? ¡Mucho me lo tamo, señorita! ¡Mírela, mírela cómo se va corriendo por allí, por detrás de aquellas crestas! En cuanto que se agarre á los picos, tenemos el turbión encima. -Pues arrea el tiro hasta que rompas la tralla. ¡Por mucho que atice! No tendremos más remedio que buscar abrigo en las ermitas; si no, nos exponemos á perecer. Este camino se transforma con el temporal en una torrentera, y nos ahogaríamos personas