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Á OCHO DÍAS VISTA La lluvia en Madrid. -Lagunilla imperai. -Trigos y arroces. Como el correo de Yólez. -Las vías públicas. Madrid desfondado. -Barro somos. -Cables reumáticos. iDoomnnlcaclón. -La pizarra de Tetógratos. -Los sucesos de Francia. Comentarlos de café. -M. Félix Faure. Lafilosofíadel nombre de Perier. Diez, doce, catorce, dieciséis días lloviendo sin partir; Madrid ha sido estos días u n a laguna ó, por lo menos, u n a lagunilla (Sr. Rodríguez y) Vano empeño el de los dignísimos diputados trigueros; la providencia no estaba estos días por los trigos: el cielo se había declarado por los arroces. Mientras los pueblos de la m o n t a ñ a aparecen poética cuanto dolorosamente cubiertos por la nieve, Madrid es la sucia s e n t i n a llena de b a r r o y nadie puede t e n e r los pies secos aunque cuente con el mismo número de botas que tendría u n a langosta si se calzase. Allá tienen un invierno con sorbetes; aquí le tenemos á palo seco y con agua sola. T asi como el correo de Vélez en ca- endo cuatro gotas se le mojan los papeles, Madrid es u n puro azucarillo ó un terrón de arena que se abre y disuelve apenas dicen las nubes ¡allá vamos! Caen los aleros, flaquean las aceras, se hunden los adoquines y se ponen de p u n t a los tarugos; en c u a n t o llueve dos días seguidos, todo son pozos y calicatas en la vía pública, vallas municipales con el farol consabido, y tiendas de c a m p a ñ a p a r a los obreros del gas, de la luz eléctrica, de los tranvías, de todos esos servicios que se llaman públicos, sin duda porque nosotros somos los privados. Las obras do la CibeKs un la plaza de Madrid y las de la faente en la P a e r t a del Sol, c o n t r i b u y e n al colorido local de este Madrid, que no parece sino que va á quedar desfondado como el tonel de las danaides. Yo no he tenido el gusto de ver Madrid en el año oí n i en el 6 G, ni en n i n g u n a otra época de barricadas; mas creo que por mucho que hicieran el pueblo armado y los batallones de la milicia, todos sus reductos valdrían n a d a j u n t o al aparato que hogaño se a r m a en nuestras calles p a r a dar dos golpes de pisón. Ordinariamente nadie se fija en tales estorbos; pero cuando llueve h a c e n el tránsito imposible, y el pacífico t r a n s e ú n t e tiene que acordarse de que al cabo y al ñ n el hombre está hecho de barro, p a r a segair su camino sin r e p a r a r en lodazal más ó menos. Los primeros en resentirse son los cables de la luz eléctrica. Son cables reumáticos que á la menor humedad se resienten y claudican. -Pero digan ustedes, preguntamos á los perjudicados, ¿por qué no r e c l a m a n ustedes á la Compañía?