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EL VALS DE LAS PALOMAS Como de perlas se nos viene á las mientes una frase consagrada por la popularidad. Se representaba en el teatro del Príncipe nna obra cuyo título no hace al caso. En una de las escenas- iíiisinteresantes, un personaje tenía que hacer su salida; pero con asombro de todo el mundoy- áquel personaje, coi Ja camisa de la Lola, no parecía. Después debimos minutos, suspendida la representación, aparece en el foro, j uno del público exclamó reparando encunas enormes mangas que de los brazos le colgaban: ¡A buena hora, mangas verdes 1 Eso nos ocurre respecto de 3 íiss IlobmsÓ 7i; -peio conviene señalar aquí lo que determinó su éxito: UJl Vals de las Palomas. Varney, el elegante compositor francés, ha sabido reflejar á través del pentagrama todas las mue- cas de la caricatura francesa. En su espíritu cómico, heredero directo del de Offenbach, ha inspirado páginas tan brillantes como las de Los Mosqueterosj ArtagnaUj La Estatua del Atnorj El Brillante Aquiles Y Miss Rohinsón, representada recientemente en Madrid en el teatro de la Zarzuela con una esplendidez, digna recordación de aquellos famosos espectáculos que en el Príncipe Alfonso se representaban en tiempos de D. Simón Rivas, que hace honor al simpático Elias, empresario hoy del teatro de Jovellanos, al que, como suele decirse, no le duelen prendas en este punto. Varney ha derrochado en el vals de las Palomas, que á continuación publicamos, todo su ingenio, prodigando en este número (que el maestro Pérez Cabrero ha tenido la galantería de arreglar para canto y piano, concediéndonos á nosotros sus primicias) todas sus ternuras de artista, hasta el punto que en la noche del estreno de Miss Rohinsón calmó los mal inquietos ánimos del público y los espíritus revoltosos é impacientes de los que en el transcurso de la obra demostraron su desasosiearo.