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V 7 Á OCHO DÍAS VISTA La cuestión de los títulos. -Sangre azul, roja y gualda. -En busca de titulos. -Sigue el temporal. Noticias frescas. -Nieve asada. -Los copos en Madrid. Dónde estoy? -Los nombres de las calles. -Numeración doble. Carteros locos. -Las quintas en Asturias. -Quintas de reoreo. -Jíac 7ii t cicos proyinciales. -Inaudi. -Un ministro de Hacienda probable E. perlmentos prodigiosos. Desde gue empezó á moverse la cuestión esa de los títulos nobiliarios, diariamente dan cuenta los periódicos de nuevas peticiones de reivindicación. Grentes que n u n c a pensaron si eran nobles, plebeyos ó comunes de dos, se p i n c h a n ahora en la y e m a del dedo p a r a que salga sangre y ver si es azul, roja ó gualda. Otros revisan á todo e s c i p e el archivo de la familia, porque les da el corazón que son unos Osunas postergados, unos Medinacelis preteridos, unos Oñates caídos en desuso. -Yo recuerdo haber visto u n escudo en mi casa. -Sería u n pesetón. -No; era u n escudo nobiliario con u n león paseante, u n águila explayada y u n leopardo r a m p a n t e p a r a hablar en términos heráldicos. De m a n e r a que no cabe duda; alguno de mis antepasados- -Fué domador de fieras, de seguro. H a y quien oculta la caza menor p a r a eludir el impuesto de consumos, y suspira en cambio por el impuesto de lanzas y medias a n n a t a s ¿Dónde vas t a n de prisa? vicio de correos resulta inútil: todas las c a r t a s llegan en blanco. E n Eeinosa y otros pueblos de la provincia de Santander aseguran los diarios locales que h a y cinco metros de nieve sobre los tejados. Qué horror! dije al saberlo; ¿toda esa nieve h a caído? -No, me contostaron, está por caer; es nieve de tejas arriba. E n el puerto de Pajares y en el del G- uadarrama se b o r r a n los senderos y se extravian los peatones. H a y que pedir á las nubes que p a r a otro año no nieve t a n t o ó que, al menos, nieve con falsillas. El tren núm. 15 se halla detenido en el kilómetro 163. Va en su auxilio la m á q u i n a 48. Se temen accidentes sin número. ¡Sin número, á pesar de t a n t a cifra! Los viajeros c u e n t a n t a m b i é n horrores. En algunos sitios la nevada es t a n grande, que los trenes vienen sobre los alambres del telégrafo. Llevan balancín de aire comprimido. ¡Quiera Dios que cese p r o n t o el temporal! -Voy á buscar u n t í t u l o ¿Para alguna piececilla? -No; p a r a m i estirpe. Diálogos asi escucharemos muchos estos días, hasta que de la famosa cuestión estén los nobles hasta la coron a y los plebeyos hasta la coronilla. Sigue dándonos muchísimo que hacer el t e m p o r a l de nieves. Se r e t a r d a n los correos, se i n t e r r u m p e n las comunicaciones, y la crónica meteorológica es la más sabrosa de cuantas leemos en la prensa estos días. Tanta es la nieve que cae, leí hace poco, que el ser- P a r a que la prensa deje de darnos por m a ñ a n a y tarde el plato consabido: nieve asada. Madrid (por lo menos hasta la hora en que esto escribo) es u n a l i o n r o s a excepción en medio de las nieves que cubren, según parece, toda España. A q u í no h a y copos, pero se teme que los h a b r á Al menos, el duque de Tamames sigue visitando los círculos de recreo al azar. Dentro de poco, siempre que salgamos de casa tendremos que exclamar como las damas jóvenes cuando vuelven en sí: