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Emma Calvé, según un biógrafo, es una artista enamorada de su arte: adora con pasión los personajes que caracteriza, a bsor biéndolos, encarnándolos en su molde, sin seguir las lineas convencionales q ue otras cantantes trazaron. Sus personajes predilectos son Carmen (cuyo traje viste en el retrato que presentamos á nuestros lectores) Margarita y Ofelia. De esta última ha hecho una verdadera creación, en todo opuesta á la tradicional amada de Hamlet, lánguida, espiritual y melosa. Jacobo Inaudi (Calculador prodigioso) En la noche del 9 del corriente hizo su presentación ante la Academia de Ciencias Exactas este prodigio de memoria numérica, invencible para todo cuanto son problemas aritméticos. Buen número de académicos, congregados por la fama de que venia precedido el calculador, pusieron á prueba la habilidad de Inaudi, que salió siempre victorioso. El Sr. Inaudi empezó por hacer de memoria una sustracción de veinticuatro cifras, multiplicó cantidades de seis cifras por otras tantas, extrajo la raíz cúbica de una porción de números, éhizo otras operaciones de cálculo mental con rapidez y seguridad asombrosas. En el año 1892 se presentó Inaudi ante la Academia de Ciencias de París, que reconoció sus prodigiosas facultades, y su nombre se hizo popular en la capital de Francia, como se hará en Madrid, de seguro. Por entonces, el ilustre escritor y astrónomo famoso M. Camille Elammarion dirigió una curiosísima carta al director de L lllusiratio n, de París. He aquí el principio de aquel articulo epistolar, que llenaba cuatro columnas de la notable revista francesa: Me complazco en daros mi opinión sobre el calculador Inaudi, tanto más cuanto que hace ya tiempo pude observarle en sus maravillosos ejercicios, ya que fué en mi misma casa donde hizo su debut á su llegada á París en 1880, cuando Inaudi contaba no más que trece años. lnaudi es sólo comparable á un músico que consiguiera encantarnos sin haber aprendido música ni conocer una nota del pentagrama. Cuando llegó á París no sabia leer ni escribir, no conocía una sola cifra; era incapaz de hacer la más sencilla suma en la pizarra. Sin embargo, daba inmediatamente solución á los problemas más complicados, por medio del cálculo mental. Se le preguntaba, por ejemplo, cuántos minutos han transcurrido desde el nacimiento de Jesucristo, ó cuántos habitantes habría sobre la tierra si todos los muertos de diez siglos resucitasen, y daba la respuesta exacta en dos ó tres minutos. Si esto hacía casi en la infancia, calcúlense los prodigios que actualmente realizará Inaudi, valido de sus excepcionales facultades para el cálculo mental. Es curiosa la manera como se dio á conocer Inaudi públicamente. Hij o de un pastor y hecho á las fatigas de una vida durísima, á la edad de siete años salió de la casa paterna para buscarse la vida él solo, y recorría los pueblos y las ferias enseñando una marmota amaestrada. Recorriendo los caminos, contaba los árboles; atravesando las praderas, contaba las cabezas de ganado; en las aldeas contaba las casas, luego las ventanas, después las puertas; contar y siempre contar era su obsesión, el trabajo inevitable de su cerebro. Una tarde, durante la feria de Beziers, contempló sonriendo los apuros de un chalán, empeñado en sumar las complicadas cifras que había apuntado en un papel para saber cuánto había vendido aquel día. La maligna sonrisa del chiouelo sorprendió al gitano. ¿Quiere usted, le dijo el niño, que yo le saque de apuros y le haga el cálculo? Estupefacción general. La gente formó grupo en derredor de los interlocutores y de la cuenta. -Si te burlas, dijo el chalán, ¡buenas te voy á poner las orejas! Pero si aciertas, te doy diez sous. Inaudi respondió simplemente: -Ha vendido usted tanto, tanto y tanto lo cual hace tanto. El éxito popular fué asombroso; á los diez sous del chalán se añadieron otras monedas que agregaron los circunstantes, é Inaudi empezó á explotar su rara aptitud haciendo operaciones y cálculos de café en café y de ciudad en ciudad, hasta que el público parisiense le dio salvo- conducto para toda Europa.