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A fines de Septiembre recibió el obrero una extensa carta: cuatro paginas de letra menuda, llenas de incoherencias y frases de desesperación. Muchas palabras estaban emborronadas por las lágrimas que sobre ellas vertió al escribirlas una infeliz muier; una mujer que abandonó y olvidó, y que al ser ahora abandonada v ol vidada, a. rrepentiase de su culpa é imploraba la compasión del hom 1 y- -TM ofendido; pero el pobre Tony tuvo la fiera energía suficiente C para no contestar á la culpable. No volvió á saber de ella hasta la víspera de Navidad. En tal día, y desde que murió Félix, iba todos los años con su mujer a colocar un modesto ramo de flores sobre la tumba de su PJ i e jiiJOi sobre aquella tumba cuyo derecho de propiedad había renovado oportunamente para que no desaparecieran de allí los queridos restos. Por primera vez Tony Eobeo cumplía esta obligación acompañado únicamente del pequeño Adrián. Al franquear la puerta del cementerio, el laborioso cajista evocó más triste y dolorosamente que nunca el recuerdo de ia iugitiva. En dónde estará ahora? pensó; ¿qué será de ella? Llegó á la tumba de Félix y se detuvo sorprendido Sóbrela piedra tosca había tres ó cuatro juguetes de ínfimo valor, de esos que se les da á los niños más pobres. Estaban nuevos y recién colocados allí. 3- w- i í