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yo. -Que por mi parte n o h a y inconveniente. El. -El papel de barbo le corresponde al b a r b a Yo. -T el de hipopótamo á la característica, ¿eb? El. -Verá usted. Escena primera. Áddn, paseándose ma, era l a serpiente, y yo, reservándome el papel de Sumo Hacedor, le arrojaba á usted del Paraíso inmediat a m e n t e ¿Qué le parece á usted? EL- -Que estoy al cabo de la calle, ó mejor dicho, lo cabizbajo entre los melones, y Eva, q uitándole el polvo del cutis con u n plumero. Eva. Tía, nariz se me está quedando fría. Adán. Sientes fresco, ¿verdad, esposa mía? Eva. ¿Cómo no he de sentirlo, esposo amado, con este macferlán que Dios me ha dado? T h a b l a n d o de otra cosa: la serpiente insidiosa me ha dicho que cogiese esta camuesa del árbol que t ú sabes. Adán. ¡Oh, qué hermosa! ¡ÍTo la come mejor u n a princesa! Mas y a sabes, querida, que el comerla n o es cosa permitida. Eva. ¿Qué hacemos pues? Adán. Lo que te dé la g a n a Eva. P u e s demos u n mordisco á la m a n z a n a (Se comen la fruta despziés de mondarla con una navaja de Albacete, y Eva acaba por comerse el corazón. Yo. -Será el de la camuesa, ¿eh? -B í N a t u r a l m e n t e! T dice luego: ¿Vamos, mujer, á reposar u n poco sobre u n lecho de flores? Eva. Como quieras. P e r o no te me pongas como u n loco, porque sabes que e s p a n t a s á las fieras. (Se cogen del brazo y desaparecen entre unas chumberas. ¿Qué le parece á usted esta desaparición? Yo. -Oportunísima, Sr. de Pingajillo; pero no sé por qué me parece t a m b i é n que me va faltando y a la paciencia p a r a escuchar t a n t o disparate. Conque, si usted n o lo lleva á mal, podemos r e p r e s e n t a r aquí la ú l t i m a escena. Usted era A d á n (papel que, por las trazas, puede usted hacer sin g r a n esfuerzo) E s t a casa, a u n q u e suele ser u n infierno, a h o r a s u p o n í a m o s que era el P a r a í s o Ese Sr. de Pebete que le indu o á usted á leerme el draAdán. e s t a r é pronto. ¡Pero siquiera déme usté i la manzana! Yo. ¡Ya decía y o que esta visita me olía á sablazo! Tome usted. (T le solté tres pesetas. Mi buen Pingajillo cogiólas con g r a n júbilo; y metién- dose en el bolsillo el Paraíso terrenal con todos sus animales, tomó las de Villadiego, decidido, según me dijo, á repetir la suerte en los respectivos domicilios de Ramos Carrión y de V i t a l Aza. (DIBUJOS DE M B O A C H I S) JUAN P É E E Z Z Ü Ñ I G A