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EL PARAÍSO TERRENAL (El bueno de Pingajillo se pone en pie, se cala unas La Ruperta. -Señorito gafas tan deterioradas que carecen hasta de cristales, y Yo. ¿Qué hay? La Euperta. -D. Liborio Pingajillo pregunta por usted. da comienzo á la lectura de la manera siguiente) Yo. -No conozco á ese señor. EL PAEAÍ 80 La Buperta. -Trae una facha muy mala, y además una D K A M i BÍBLICO EN SIETE ACTOS T EK VERSO, OKIGINAL tarjeta de D. Indalecio Pebete. DE DON LIBOBIO P I N S A J I L L O Yo. ¡Ah! ¿Sí? Pues tampoco sé q uién es D. Indalecio. En fin; que entre ese Pingajillo y veremos qué se le íuente Saúco 13 de Mayo de 189 Ú. ii ofrece. No sé por qué me huele á sablazo esta visita. Yo. ¡Ah! ¿Terminó usted su drama en Fuente Saúco? El. -Sí, señor; en medio de un garbanzal. Pingajillo. ¿D. Juan? Yo. -Bueno. Adelante. Yo. -Servidor de usted. El. Acto primero. -Personajes: Eva... El. -Mi amigo Pebete me ha dicho: Vete á ver al Yo. ¡Alto ahí! ¿La saca usted á escena desnuda comSr. Zúñiga, que es un escritor sincero en sus apreciaciopletamente? nes y no muerde. El. -No, señor; con la hoja de parra. Yo. (Con intenciones de desmentirle) Bueno; ¿y qué Fo. ¡Ya! Siga usted. más? El. Adán con su correspondiente hoja y con tiEl. (Sacando del bolsillo un bulto que más bien que un manuscrito parece una pieza de madapolán. ¿Ye us- rantes. Las hijas de Eva. Caín. Abel. El Sumo Hacedor. ted esto que saco del bolsillo? Pues antes lo he sacado La serpiente. Dos ángeles de orden público y un dromedario que no habla. Además, leones, panteras, faisanes, de mi cabeza. truchas, abejorros, madréporas, banda militar y gente del pueblo. ío. ¡María Santísima! El. -No; esa no sale hasta el quinto acto. Yo. -Bien; la había nombrado por vía de exclamación de asombro. Como pudiera haber dicho: ¡ca bomba! Prosiga usted. El. La acción se desarrolla en el Paraíso terrenal, á mano derecha conforme se entra. En el foro, paisaje. Plátanos y cocoteros que se pierden á lo lejos. Yo. ¿Por qué no se perderá á lo lejos todo el drama? El. -A la derecha, en segundo término, el mar Mediterráneo con ballenas. ¿Qué le parece á usted? Yo. -Que ya estoy viendo á Eva utilizándolas para sus corsés. El. ¿Pero no cree usted justificada la presencia de los cetáceos? Yo. ¡Ya lo creo! Es más; yo pondría en el fondo el submarino Peral. El. -Voy á seguir. A la derecha, en primer término, Yo. ¿Y qué viene á ser eso? M. -Un drama en siete actos titulado El Paraíso te- un melonar. A la izquierda, cerca del foro, una gruta con estalactitas y otros animales. A la entrada de la rrenal. gruta dos sillas de Vitoria. En primer término izquierda Yo. ¿Y viene usted á disparármelo? cuatro ciruelos Claudios y un velador con recado de esEl. -Si, señor. Deseo que usted m. e dé su opinión Yo. -Siendo la opinión pelada, sin mezcla de moneda cribir. Todo ello deberá revestir el carácter de aquella alguna, yo se la daré gustoso. Pero le advierto á usted remota época, incluso la luna, que aparecerá por encique habrá pocos autores on menos títulos que yo para ma de los plátanos y se ocultará por detrás de las sillas dar consejos acerca, de obr l -teatrales. Aunque llevo es- de Vitoria. Durante las treinta y cinco escenas primetrenadas catorce, y algunas (pocas) con éxito excelente, ras, varias tortugas cruzarán el lugar de la acción diricreo que tengo de verdadero a- itor dramático lo que te- giéndose miradas significativas. Otros animales asomarán la cabeza por el horizonte. El director de escena nía mi abuela de gladiador romano. cuidará de que los comparsas que hagan de insectos tenEl. -Esa franqueza me cautiva. gan el tamaño adecuado para el mejor efecto de la reYo. -Me conozco bien. A quien no conozco ni bien ni mal es al recomendante de usted. Pero, en fin, veamos presentación. El papel de ardilla deberá confiársele á la primera bailarina. ¿Qué le parece á usted? ese Paraíso, y Dios tenga piedad de nosotros.