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IMPERIO DE RUSIA En dos meses se han acumulado sobre el joven soberano de Rusia sucesos é impresiones que otros príncipes tardan muchos años en presenciar y sentir. Sus obligaciones de czarewitch primero, sus lágrimas de orfandad después, su proclamación inmediata en el castillo de Livadia, su viaje fúnebre en pos del cadáver de su padre, la pesada corona de Rusia cayendo de pronto sobre sus sienes juveniles, en seguida los ensueños de amor realizados en su matrimonio reciente Para pintar á ííicolás II en su vida normal, es pronto todavía. Educado á la moderna, hizo junto á su padre un completo y duro aprendizaje de príncipe. Viajando mucho, conoció las necesidades de su país y vio los progresos de afuera. Francia acecha como ninguna otra potencia el rumbo probable de la política del joven príncipe. ¿Se inclinará á Alemania por su matrimonio coa una princesa de Hesse? ¿Seguirá, por el contrario, tan amigo de Fi- ancia como el czar Alejandro? Los que piensan esto último, refieren de Nicolás I I una anécdota ó cuento que tiene ya diez años de fecha. El entonces czarewitch había sido nombi- ado coronel honorario de ua regimiento alemán. Un día que hallábase al frente de él, pasóle NICOLÁS I I Y A L I C I A D E HESSK revista el emperador Guillermo I, y dijo á Nicolás, que tenía entonces dieciséis años: -Vamos á ver, pollo, ¿está usted orgulloso de maudar un regimiento? Al czarewitch le pareció ver en ello una burla ó cosa semejante, y se ofendió, hasta el punto de que volvió la espalda y se alejó diciendo: -No admito que me traten así los alemanes. Por la noche había banquete en el palacio imperial, y el czarewitch negóse á asistir. Avisado su padre, le ordenó por telégrafo que asistiera, y el chico fué, pero no probó bocado ni gota de vino. BL PALACIO J E m V I E E N O