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PORTUGAL FA: R, BY CXRLO. i LA! KT rA A IKIJA E l rey de Portugal, cuyas dotes personales han bastado para contener el movimiento republicano eu su p i í s es joven, simpático, muy instruido, excelente músico. La música puede decirse que es su pasión dominante, una vez libre de los altos deberes que la Providencia lo iraimso. Casado con una princesa eácantadora, su vida es una larga luna de miel, y en Portugal se admira niucbo la exi tpncia tranquila de este matrimonio real, que no ha dado ningún motivo de censura á la o iu; ón pública. El rey y la reina se ocupan más de lo que parece de oso que hemos dado en llamar la cosa pública Gobiernan á su m a n e r a y como el país donde reinan es m u y pequeño, están al tanto de los menores detalles y dan motivo al cañón par. i hacer ruido á cada momento. Porque, ya es sabido, en P o r t u g a l todo se arregla y se celebra á cañonazos. Los que hayan pasado un verano en San Sebastián, sabrán que desde Julio á Septiembre no se puede hacer nada en la hermosa capital de Guipúzcoa sin cohetes. Cohetes por la mañana, cohetes por la t a r d e chupinazrs por la noche. E n Lisboa, cañonazos porque el rey entra, porque el rey sale, porque va á una fiesta, porque vuelve de viaje, porque se va á Cintra, porque son los días de alguien, porque va de revista, porque torna, porque sube, porque baja; por todo. P e r o no necesita aquel simpático rey tanto ruido para ser querido de todos. H a cedido g r a n parte de su lista civil á la TL PiUNCrr- E nEi; nD 7.o nación, ha sido el bienhechor de un sinnúmero de personas, ha acudido al remedio personalmente siempre que han afligido á su país grandes calamidades, y es, en fin, el portugués más portugués de todos. La reina Amelia tiene la adoración de nuestra España. á