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861 Tuvo muy pocas amigas porque no la gustaba el t r a t o de las mujeres, pero n o hubo hombre notable de su tiempo que no se honrase con su amistad. A los predilectos les obsequiaba con suntuosas cenas, que ella presidía, el 24 de Diciembre, y durante muchos años se celebró en su casa la Nochebuena por los ingenios más ilustres de la corte. La clásica fiesta conserva hoy el carácter que revestía en el palacio de Oeivellón mientras vivió el inolvidable duque de Fernán- ííúñez. de g r a t a memoria. Las damas acudían en traje de baile y con mantilla blanca, que caía desde la cabeza hasta velar con sus encajes el escote. Asi veladas, asistían á la misa que se decía en la capilla del palacio, y después, despojándose de la airosa prenda española, lucían sus galas on los salones y en la artística galería hasta que la h o r a de la cena las congregaba en la magnifica serré, donde en mesas colocadas debajo de plantas tropicales, entre limoneros y naranjos y al son de armoniosa é invisible orquesta, se servia la colación á la aristocrática concurrencia, dividida en grupos. Y a no se celebran estas espléndidas fiestas, pero Misa del Gallo y cena no faltan todos los años en algún palacio, pues con igual júbilo se conmemora en las mansiones suntuosas que en las modestas moradas el advenimiento al mundo del Hijo de Dios. E a u n a s partes se b r i n d a con champagne, en otras con prosaico peleón, pero en todas se estrechan lazos de amistad y afecto; y el carruaje que conduce á la elegante dama que va á cenar en suntuoso palacio se encuentra en las calles con el animado grupo de gente del pueblo, que al son de tambores y panderas repito que aquella noche es Nocheb u e n a y no es noche de dormir. La adoración del Niño se hace en los oratorios elegantes como el año pasado se verificó en el de la m a r q u e s a de Squilache. Terminada la misa, el sacerdote coge la diminuta cuna de raso colocada en el altar, y donde entre encaj e s é hilos de perlas se ve al Niño Jesús con los piececitos desnudos. Dos acólitos primorosamente vestidos con sot a n a de seda, rizado roquete y bordada esclavina, le acompañan con velas encendidas, y dos mocetones con la librea de gala, peluca y casaeón, le escoltan llevando grandes cirios. El sacerdote se detiene ante las damas arrodilladas y las da á besar los pies del Niño, al que piden mercedes y favores. El árbol de Noel, que extiende sus verdes ramas en las comarcas del Norte, ha arraigado en las casas aristocráticas donde h a y niños, y se le coloca caí- gado de juguetes y resplandeciente de luces en el salón principal de la casa, donde le rodea la generación del porvenir embelesada ante aquellos artificiales frutos. El árbol de Noel se queda pronto sin sus galas, y los que las recogen se m a r c h a n felices con su cosecha, en t a n t o que llegan los días en qiio experimentarán otros anhelosa KASABAL (D i s r o o s DK MÉNDEZ BKTNGA. MADRID ntMiAaiítm mn- Hrr jl St oif