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V H: i I- it 06 p x J La fiesta de Nochebuena se celebra de antiguo con frran solemnidad en los palacios aristocráticos. La sociedad de Madrid ha sido siempre fiel guardadora de las tradiciones, y aunque las costumbres se han modificado con el transcurso del tiempo, no ha desaparecido del fondo de ellas lo eminentemente castizo, y la sopa de almendra se sirve la noche del 24 de Diciembre lo mismo en la modesta loza de la mesa del pobre que en la blasonada vajilla del aristócrata, y la Misa del Gallo se dice á la misma hora en la parroquia donde pueden acudir todos los fieles y en el oratorio privado donde se congregan los amigos invitados por el dueño del palacio. En los tiempos, no m u y dichusos p a r a el bien público, en que regia los destinos de la nación el Sr. D. Carlos IV, no había en Madrid caserón de Grrandes do España donde no se instalase u n Nacimiento, imitando lo que se hacía en la corte, pues todos los infantes de la Casa de Borbón fueron aficionadísimos á reproducir por medio de figuras las escenas de la venida al mundo del Hijo de Dios. Fernando I V de Ñapóles, que subió al trono por la abdicación de su padre, se entusiasmaba armando lo que en I t a l i a se llama el Balen, y todos sus parientes le imitaron, no quedándose atrás los de España. Los pintores de cámara de Carlos I V D. José Madrazo y D. Juan Antonio Eibera, ilustres fundadores de la dinastía de artistas que t a n t a gloria h a n dado á España, se ocuparon, por encargo del rey, en la organización de u n Nacimiento, y lo hicieron, como no se podía menos de esperar de t a n cultas personas, ajustándose á la más rigurosa verdad histórica. No había, pues, en su artística obra ni pastores y zagalas con pellica y guardapies, ni m o n t a ñ a s nevadas, ni otra cosa que los tristes paisajes de la tierra elegida para teatro de los sublimes sucesos de la Redención; pero labor t a n primorosa y racional no gustó á los cortesanos, que en cambio se entusiasmaron con el Nacimiento que se hizo para el infante D. Erancisco de V 4 Í P a u l a cuando era niño, y que se continuó armando hasta los últimos años de la avanzada edad que alcanzó S. A. en el P a l a c i o de San J u a n ¡Aquello si que era un prodigio! según decían los venerables señores de chupa y casacón. Delante del portal de Belén, con portada á lo Churriguera, bailaban parejas de todas las comarcas de España con sus trajes característicos; y charras, murcianas, valencianas, andaluzas, gallegas y montañesas lucían en los tiempos do la venida al mundo del Mesías los trajes con que las hemos visto en nuestros días. H a b í a en los alrededores de Belén fuentes que ni las de la Granja, y alcázares suntuosos, y castillos fortísimos con guerreros embutidos en armaduras, y puentes levadizos. Los pastores y zagalas que acudían desde diferentes puntos á llevar sus ofrendas al Niño- Dios, estaban vestidos con arreglo á a más pura indumentaria del género que cultivó después Meléndez. Todas las m o n t a ñ a s estaban nevadas, sin perjuicio de que hubiera en los valles la más espléndida flora. No faltaba el río con las lavanderas j a b o nando pañales, ni el molino con sus molineros correspondientes; y como nota de actualidad, se destacaba el tío Kico, el choricero más famoso de los portales do la Plaza Mayor, llevando los embutidos de Salamanca al pie mismo del Santo Pesebre. Este fué el modelo de los NaciniieiUos que se a r m a b a n en todas las casas aristocráticas cuando llegaba el 2 á de Diciembre, y que se conservaban para admiración de deudos y amigos hasta pasadas las fiestas do Eeyes.