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s ss ¡S! z s s! ¡s 2 S! Sif t ruHijuas. violiro Feliz enirada para ello. de año. Dias. Me deapido Pésame d me voy. Si V. ae ó enhorabuena donde lodos si hay alabemos un SaniOj y vdj liiien i- iaje. si en la infancia Y si vuelve bien venido. se muere, Angeles Bel hijo ó hija (jue nazca al Señor. Valga por Amén. 1792 que lo veamos al Cieloj todo el año de SÍS SSAX SS. Al dorso do osto documento h a y cuatro renglones m a n u s c r i t o s que dicen: A mi Señora la S. Doña Inés de AlelgarcívOj vecina de esta Ciudad de Sevilla, guarde N. S. muchos años. Don Luis Federigui. Aun cuando seruojanto moda produce comodidad, y m a y o r todavía si el plazo se alarga por diez ó doce años ó por toda la vida del remitente, diñculto que h o y pueda renacer. La tarjeta, a u n q u e menos expresiva, es más lacónica; y el laconismo os el regulador de las costumbres de nuestros tiempos. Con el poco dinero que valen cien tarjetas, cien sobres y cien sellos de cuarto de céntimo, es decir, por monos de un duro, ¡cuántas satisfacciones alcanzan los aficionados al tarjeteo! Yo t r a t o (y supongo que Vm. t a m b i é n t r a t a r á) á gentes que t i e n e n el inocente vicio de pregonar sus conocimientos y amistades con personas de cuenta. Del duque de Tal, asegura u n o de estos prójimos que no lo trata, pero que es intimo amigo de su cuñado Perico Tal; del marqués de Cual, resulta (aun cuando no lo conoce) hasta pariente, por ser sobrino político de su prima J u a n i t a Ponce; con el ministro Fulano t i e n e bonísimas relaciones desdo que i n t i m a r o n hace tres años en u n viaje desdo Madrid á Aranjuez; con el senador Mengano estuvo dos días en los baños de Carratraca; con el poeta Z u t a n o comió cierta voz en la mesa redonda del Hotel de París, etc. etc. etc. Fundándose en estas relaciones, que pudiéramos llamar de milímetro, entre los centonares do tarjetas que reciben l a s notabilidades políticas, literarias y aristocráticas, se c u e n t a n las de los pobres diablos á quienes aludo. Claro es que el secretario que abre y despacha semejante correspondencia, contesta en el acto á la cortesía de todos estos Juanes Fernández, los cuales se m u e s t r a n luego ufanos y vanagloriosos con poner en la t a n d a superior de su bandeja de tarjetas las que llevan los nombres de casi todos los DUQUES, CONDES, MAEQDESES, POETAS, BANQUEROS, SENADOKES y MINISTROS á quienes h a n felicitado. Lejos de mi ánimo vituperar semejante conducta. Pero como h a y diferentes opiniones y diferentes gustos, me atengo á la filosofía do aquel ricacho de la Alcarria, que paseándose en Madrid con gorra y chaquetón, contestó al amigo que le censuraba su vestimenta: -Aquí ni me conocen ni sorben qaién soy. Pasado algún tiempo, el cortesano llegó á la Alcarria y halló á nuestro hombre con el mismo equipaje. ¿Qué es esto? le dijo. ¿Aquí también de chaquetón? -Si; porque todos me conocen y saben quién soy. Fundado en dicha regla, no mando tarjetas de Pascua á mis amigos, x erquo ellos saben que siempre so las deseo venturosas y felices. Tampoco se las envío á mis conocidos, porque á ellos debo importarles u n bledo que m e acuerde ó n o mo acuerde de sus personas. Esto no impide que agradezca y contesto en el acto á cuantas felicitaciones recibo. P a r a decirlo en pocas palabras: si no soy abad que canta, soy sacristán que responde. El Dominiis vobiscum que llegue á mis oídos tiene de seguida u n et cum spiritu, tao si recuerdo la dirección del oficiante, ó su requiescat inpace cuando n o la recuerdo. T como reconozco que con t a l sistema llegaría á extinguirse la costumbre, porque nadie t o m a r í a la iniciativa, entiendo que ni los aficionados ni ol público deben imitarlo, pues en resumidas cuentas, lejos de causar perjuicios, el tarjeteo produce, además de sus ventajas morales, provecho material A LOS FABRICANTES DE PAPEL Y DE SOBKES, A LOS LITÓGKArOS Y Á LA RENTA DE CoESEOS. Es cuanto sabe y puede decir á Vm. sobre el toma consultado su amigo y servidor, q. 1. b 1. m. y que (por excepción) le felicita en las próximas P a s c u a s (DIBUJO DE xlLBEllTI) EL DOCTOR THEBUSSEM Medina fSidonía; diciembre de 1894 años.