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hr, auji cadeaux lUO le u ccaf Mowín fait ¿l wh. citía. KII, LAI- SA AKIX. ail iriíí! S o! o; iuí párrafo I i f óf t, MediLacion ¡V. Y después de plantar mi cita con todos sus pelos y señales, para que no me digan que la he tomado del Larrousse, empiezo por fijarme en el lugar de naturaleza del pavo. Viéndole tan. feo, tan obscuro, tan torpe y pesado, ¿quien diría que procede de América, de donde son todos los p; íjaros do vistoso plumaje y de cuerpo chico, esbelto y gracioso? Y sin embargo, el hecho no puede ser más cierto. Gallo de Indias y pavo de Indias se le llama en Cataluña y en otros lugares, d Indon ea Francia; quizá los primeros indios que pisaron tierra española acompañando á Colón no trajeran loros y guacamayos, según nos representan las estampas, sino pavos de roja caperuza y feo graznar, como aguinaldo propio de reyes. Las noticias son, sin embargo, de que vinieron más tarde, á fines del siglo X V I I siendo sus importadores los jesuítas, que los llevaron á Francia y fundaron en los alrededores de Bourges la primera colonia de pavos. Brillat- Savarin, á quien vuelvo á hacer otra visita, dice que hay que agradecer á los jesuítas dos inventos importantísimos el del pavo y el de la quinina. No es cierto, por lo tanto, que los romanos conociesen tan suculento manjar, ni que se sirviera pava alguna en las bodas de Carlomagno, por más que el gran emperador la pelara antes de casarse. Los que tal afirman han oido bodas y no saben dónde. El banquete nupcial donde fué servido el primer pavo, es el de Carlos I X de Francia. EI rey de la ÁS aíV -Íj ar íé! 7 M? contra los hugonotes inició también, por consiguiente, la Saint- Barthélemij que todos los años se consuma por esta época. ¿Q leréis saber algo del pavo salvaje? Yo podría copiar aqui largas descripciones de Audubon, viajero que nos trajo las gallinas (los pavos, mejor dicho) ó de Oviedo, que es el primer escritor español que de ellos se ocupa. Los bosques de los Estados de Ohío, Kentuoky, Illinois é Indiana, Arkansas, Tennessely Alabama, todavía albergan en la actualidad una multitud de pavos. E n la Georgia y en la Carolina son menos frecuentes, rai os en Virginia y Pensilvania, y en los Estados más poblados han desaparecido por completo. Viven temporalmente en grandes bandadas, emprendiendo irregulares emigraciones; vagan por los bosques en busca de comida; de día permanecen en el suelo, y por la noche se posan en los árboles más altos. Haeia el mes de Octubre, cuando han caído aún pocas semillas de los árboles, se dirigen á las llanuras del Ohío y del Missisipi. La caza y la captura del pavo se ejerce con pasión en toda la América, pero no siempre sin saña. Su caza exige un cazador experto, pues dada la timidez del ave, sería improductiva para los cazadores domingueros. Mucho más fácil es la captura, habiendo un sistema fundado en la estupidez de los pavos. En los bosques se amontonan troncos de dos ó tres metros de largo para formar una barraca, cuya parte superior se cubre con ramas, practicando en la inferior una entrada suficiente para dar acceso á un pavo grande. E n el interior de esta trampa se esparce maíz en abundancia, sembrando además este grano predilecto desde la entrada hasta cierta distancia. Los pavos, al pasar por allí, encuentran la codiciada comida, la siguen hasta la puerta, ven que en el interior de la trampa la hay en abundancia, y se iutroducen en ella; el uno sigue al otro, y de este modo á menudo se reúne toda la bandada. Pero cuando quieren salir, aiuellos animales estúpidos no saben encontrar la abertura por donde liaa entrado; en vano meten la cabeza