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EL PREMIO GRUESO i (Kl Gonlo es Kucno. Ti A BI. I: N nií r. TÍAlíCA. E n b u e n a hora lo diga, nunca mo ha tocado el gordo como llaman al primor premio do la lotería de Navidad, aun cuando él no responde generalmente. O el premio grueso según u n a señora vecina mía sumamente fina, que habla casi t a n hion como escribo. Verdad es que usa falsilla literaria, invento nuevo para escribir del francés sin que lo conozcan los l) arroquianos. Eso del premio gordo es un mito ó u n mico, en opinión de los doslioredados de la lotería. Y, sin embargo, existe. Quince días antes do Navidad, no se leo otro aviso en las puertas y en los escap a r a t e s de las administraciones de loterías que el de lilLLETES P A l l A E L SORTEO n E NAVIDAU Y á mi, qué? ¡Como dan de comer t a n bien! Ya ve usted, cuarto de kilo do carne p a r a cinco personas- -Poro usted tiene ahorros. -Sí, ahorros. -Y esto año nos va á t o c a r el gordo. Y a el público sabe de memoria los pormenores de precios y premios. Recorren las calles do Madrid jóvenes vendedores oíreciendo á las gentes recibos talonarios p a r a dar y t o m a r p a r t e á los amigos en el sorteo de Navidad ¡Para dar y t o m a r p a r t e á los amigos! ¡Cómo despierta ese grito la idea de la asociación fraternal! No todos los ciudadanos pueden disponer de quinientas pesetas para comprar u n billete entero, ni aun de doscientas cincuenta p a r a adquirir medio billete, también entero en su clase, n i aun de cincuenta liesetas p a r a t o m a r u n décimo. Pero las asociaciones benéficas, que so constituyen con el tin de facilitar el medio de j u g a r á las clases obreras y aun á las menesterosas, projiorcionan á éstas fracciones de suerte á la medida y prestan u n buen servicio á la Hacienda. Generalmente el socio capitalista ó fundador y cabeza social es el t a b e r n e r o ó el dueño del establecimiento de comestibles, ó el carbonero de más iniciativa en el b a r r i o ó en la calle. Otras veces son varios los socios fundadores, pero siempre h a y u n responsable y firmante do recibos para responder do los fondos aventurados en la empresa por todos y cada uno de los asociados. -Mariquita, ¿usted no juega? p r e g u n t a el dependiente m a y o r de u l t r a m a r i n o s á u n a preciosa doméstica que tiene por nariz u n divieso, al mismo tiempo que la toma l a alcuza p a r a servirla el aceite que solicite. -No tengo dinero, responde la seductora Mariquit a sonriendo, con cuyo gesto acaba de cerrar los ojos, de suyo entornados, que parecen dos agujeros en u n a olla de asar castañas, y expone u n a dentadura que infunde miedo. -Vamos, que está usted en b u e n a casa; que el amo es de éstos. -Si yo supiera oso, jugaría, dice con b á r b a r a ingenuidad la moza. Ya lo creo! -Bueno; ues apúnteme usted un real. -Qué, ¿no aga usted el aceito? -Digo, p a r a la lotería. -jYa! Cómo está usted, hijo! -En viéndola á usted, loco perdido. Detrás de M a r i q u i t a e n t r a la J u s t a que os u n a chica costurera que vive en la misma casa, pero encima de la tienda, como dice cuando da las señas de su domicilio. Y no miente: vive en un sotabanco interior, á oin (tuenta metros sobre el nivel de la cabeza del tendero. ¡Ya está aquí lo bueno! dico el dependiente m a y o r apartando al chico p a r a servir á la vecina, que es u n a moza buena. -Muchas gracias; anda, dame los garbanzos.