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820 Antón, de tal modo hicieron creer al enemigo en un poderoso refuerzo que nos llovía del cielo, que no sólo trocaron su- victoria en desordenada fuga, sino que dejaron en nuestro poder hasta cuatro piezas de artillería y no escaso número de prisioneros. v W -I V Cuando aquella noche, tomando descanso en un pueblo recién saqueado por los imperiales, nos enteramos de que la gente de nuestra división que había PCiguido la ruta que nosotros nos obstinábamos en emprender había sido destrozada por completo, no pude menos de llegarme contrito á Mosén Antón, que maldito si daba importancia alguna á su habilísima y atrevida hazaña de aquel día. -Perdone usted, le dije tendiéndole la mano. Había dudado de su lealtad, y con placer veo que me ho equivocado. -Lo sospechaba, señor oficialito de alfeñique, me contestó. Después de todo, me alegro. Con eso habrán ustedes comprendido que con sus ordenanzas, sus disciplinas y demás zarandajas, las más de las veces no hacen otra cosa que majaderías. Para lograr algo no hay más que arriesgar mucho. Y me volvió la espalda, dejándome pensativo. Era triste pensar que todavía en aquellos días no nos acabamos de entender las tropas regulares y los guerrilleros. ÁNGEL E O D E I G U E Z DIBUJOS DK ESTETAN CHAVES