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SILUETAS ARTÍSTICAS LUIS ALVAREZ Desde que Alvarez se marchó á Roma en compañía de Rosales y Palmaroli, hasta que ha venido hace algunos meses á tomar posesión del cargo de secretario del Museo del Prado, sólo en contadas ocasiones y por temporadas muy cortas le hemos visto en Madrid. A la lista interminable de artistas españoles que no han podido vivir en su patria porque en ella no han encontrado los elementos más indispensables para la vida, hay que añadir el nombre de este esclarecido artista, que ha pasado los mejores años de la vida viviendo á orillas del Tíber y pensando en el ardiente sol de su tierra. Como Fortuny y Sorolla, Alvarez se quedó huérfano cuando apenas contaba diez años, por lo cual todo cuanto vale y representa en el mundo del arte lo debe á su propio y personal esfuerzo, circunstancia que se da con sobrada frecuencia en la vida de los grandes artistas, obligados por el destino á subir trabajosamente, y abandonados de todo el mundo la, empinada cuesta de la gloria. Estudiando el tercer año de Filosofía, conoció en las aulas del Instituto de San Isidro á Rosales y Yera, y como ya e stos mostraban sus aficiones artísticas, frecuentando al mismo tiempo que las cátedras del Instituto las clases de la Escuela Superior de Pintura, Alvarez, que ya sentía germinar en su alma los albores de su vocación artística, se sublevó contra las exigencias de su viejo tutor, que le imponía una carrera Hteraria, y se dedicó en cuerpo y alma al estudio de la pintura. Antes de vencer las resistencias del encargado de su persona, ya visitaba todos los domingos nuestro incomparable Museo del Prado, y con los ahorros que pudo ir reuniendo poco á poco, compró el Palomino; pues así como los devotos, llenos de unción religiosa, se deleitan con la lectura de la vida y milagros de todos los santos de la corte celestial, Alvarez se entusiasmaba con el Palomino, leyendo la vida de los artistas ilustres para fortalecer su espíritu y halagar su esperanza con el ejemplo de tantas y tantas amarguras como suelen saborear los artistas en los primeros años de sus yN. estudios. Vencida la resistencia de su tutor, separóse de las aulas de San Isidro y se matriculó en la Escuela de Bellas Artes; y paso á paso, empezando por el estudio del diseño y acabando por el de colorido bajo la dirección dé don Federico Madrazo, maestro de la presente generación y cuya muerte jamás llorará bastante el arte español, terminó Alvarez sus estudios en Madrid. Terminados estos estudios preparatorios, Rosales y Palmaroli, que